viernes, 27 de octubre de 2017

Los cinéfilos de Gilda

Esta tarde tengo una cita semestral 
con los tipos que más saben de Cine en esta ciudad.
En memoria de Umbral, entre peli y peli, "hablaremos de mi libro".









miércoles, 25 de octubre de 2017

Intérpretes fulgurantes 3: Charo López


Ha acabado refugiándose en el teatro, como lo hizo Lauren Bacall. Y como ella, luce una voz punto y aparte.

Para el cine se batió con Sacristán y Rabal en la inclasificable y maravillosa Epílogo. Con Landa y Juan Diego en una del recientemente desaparecido Basilio Martín Patino (otro inclasificable genial). Con Imanol Arias y Victoria Abril, ambos en su mejor momento. En una de las adaptaciones aseadas (nunca del todo conseguidas) de la obra de Marsé. Con Javier Bardem y Carmelo Gómez en El detective y la muerte. Con Buchau y Bosé en una rareza comercialona en la que ella brillaba abrumadora. En el repartazo de La Colmena, en la que se lleva de calle al personal en una sola escena demoledora. Le ha puesto voz a Ava Gardner en La noche que no acaba (quién si no). Cosechó merecidamente un puñado de premios, incluyendo el Goya, por su maravilloso personaje en Secretos del corazón, aquella bebedora optimista inolvidable. En fin, cerca de un centenar de películas de todo pelaje la vieron crecer en hermosura y técnica. Y todo sometido a un descubrimiento de los que ya no quedan, cuando ya llevaba casi veinte años en el ajo: Su Clara Aldán para la serie televisiva Los gozos y las sombras.

Hubo un tiempo que era jurado en el premio de narrativa La sonrisa vertical, junto a Luis García Berlanga, Juan Marsé, Ricardo Muñoz Suay, Juan García Hortelano, Almudena Grandes y Beatriz de Moura. Tuve la suerte de quedar entre los ocho finalistas de una edición del premio por aquel entonces y de tomarme con ella un cubalibre en Barcelona. La descubrí menuda, salmantina, inteligente y llena de mirada y de sonrisa.

Tengo que ir al teatro ya, fulgurante Charo.



viernes, 20 de octubre de 2017

jueves, 19 de octubre de 2017

Intérpretes fulgurantes 2: Maribel Verdú.

Otro lujo de actriz, en plenitud de facultades: La Verdú. 

Lleva toda la vida en el oficio y siempre cumple. Ha trabajado con Garci, Armendariz, Trueba, Franco, Querejeta, Suárez, Luna, Aranda, Saura, Coppola, Cuarón y Del Toro. Su presencia da fuste a todo cuanto rueda, como puede comprobarse en El año de las luces, La estanquera de Vallecas, 27 horas, Amantes, Belle Epoque, Canción de cuna, La buena estrella, Goya en Burdeos, Y tu mamá también, El laberinto del fauno, Siete mesas de billar francés o Blancanieves, por citar solo títulos sobresalientes. 

Tiene dos Goyas, tres Fotogramas de Plata, dos premios Ondas, el de la Unión de Actores, el del Círculo de Escritores Cinematográficos, el San Jordi, el José María Forqué, el de Cine Iberoamericano de Huelva, el Ariel mexicano, el ACE de Nueva York y hasta el Ercilla de teatro. 

Ninguna actriz española de su generación ha mantenido semejante nivel. Y sigue estando guapísima. Va por ti Maribel, buena estrella.

martes, 17 de octubre de 2017

Fe de Etarras


No es profunda, aunque sí clarividente (qué nivel ideológico el del comando, qué profusión de banderas que hasta hoy se tomaron más por lúdicas que por sentimentales).

No es espectacular, pero tampoco puede serlo, ni por planteamiento argumental (cuatro pringaos en un piso), ni por presupuesto (Netflix se lo toma con calma, sobre todo en lo que no considera suyo… todavía).

No es brillante, ya conocemos los chistes sobre gula, chapucería y geografías excluyentes, aunque sí graciosa (esa conversación sobre parejas y mediaciones…).

Gente con criterio echa en falta el respeto a las víctimas, pero en esta historieta no las hay ni son objeto de reflexión, debate ni gag. Su ausencia no me parece irrespetuosa, ese tema lacerante necesita otra película.

El mundial de fútbol está mejor utilizado que en La gran familia española, pero tampoco mucho. Ese tema épico necesita también otra película (que Netflix, de ganarlo EE UU, ya hubiese hecho).

El reparto es muy bueno, pero la superficialidad estrictamente cómica obliga.

Sólo hay a mi juicio dos momentos de gran película, el principio y el final-previo-epílogo, con Ramón Barea dando miedo y un consejo sobre balas que se le aplica a rajatabla.


martes, 10 de octubre de 2017

Rochefort

Se había quedado sin el fantasma de la libertad, sin peluquera, sin modelo joven y desnuda, sin Quijotes imposibles.
Un grande discreto y francés, una paradoja, un actor inolvidable.
Buen viaje, Jean. A ver quién te peina ahora esos pelos.


martes, 3 de octubre de 2017

Nosotros en la noche


Dos premisas estupendas:
La primera, reunir a Jane Fonda y Robert Redford casi 40 años después de El jinete eléctrico y 50 ya desde Descalzos por el parque.
La segunda, un arranque de auténtico impacto con la proposición de ella, en medio de la noche de un vecindario plácido donde la gente se muere de vieja.

A partir de ahí, fluye una película agradable que no se mete en ningún charco. Ese es el reproche más evidente al guión, todo es tranquilo, pausado, confortable, incluidos los hijos con trauma y el nieto enganchado al móvil hasta que descubre el tren eléctrico, las mascotas y las fogatas. 

Redford y Fonda, dos leyendas vivas con azarosa pero incontestable carrera, llenan la pantalla en esta película de realización plana y bonita fotografía. Por eso, desperdiciar las posibilidades de ese otoño jodido-pero-contento, en manos de estos dos intérpretes, se hace más visible y deprimente. Nos hemos quedado sin saber de qué se puede hablar durante la noche a cierta edad, más allá de lo tópico, cuando estás frente a alguien a quien no tienes nada que esconder.

El humor hubiese elevado la película. El humor de barrio con los colegas de café, el humor a costa del sexo a ciertas edades, el humor ante los recuerdos dulces o amargos, el humor entre padre postizo e hijo encabronado,… 

Mientras veía esta película, me venían a la memoria aquellos chispeantes diálogos de El próximo año a la misma hora, en la que Ellen Burstyn y Alan Alda envejecen de cita en cita, y lo que se cuentan de ellos mismos y sus parejas ausentes.  O aquel momentazo en Memorias de África en el que el marido de Meryl Streep, al coincidir con el amante Redford en el porche de la granja de ella, le decía picajoso: “Podías haber pedido permiso”. Redford contestaba entonces con naturalidad desarmante: “Lo hice. Y ella me lo dio”.

A eso es a lo que me refiero. 

Con todo, la película es como ya he dicho, agradable. En especial para mi madre, contemporánea de Redford.

lunes, 2 de octubre de 2017

La llamada


La llamada es una película de gestación azarosa, sorpresiva y feliz, como su argumento. Un Marcelino pan y vino del Siglo XXI, con música de la Houston, Presuntos implicados (hermoso momento) y temas de electro-latino, la inestimable colaboración de cuatro cómicas fenomenales y los ojazos de Macarena García

Como ya casi todo se hace con el carnet en la boca, habrá quien barra para casa o la barra fuera de casa por esto o por lo otro.


Para mí, La llamada es todo frescura y optimismo, que buena falta hace. Ni las monjas son siniestras ni las adolescentes anormales. El grado de irresponsabilidad, dudas existenciales y desconcierto cantado o en seco son los propios de un libreto hábil y desprejuiciado, escrito para divertir.

No esperes alardes de cineasta con la cámara, ni teatro filmado. Lo que hay se ve realizado con la solvencia suficiente. Y lo que importa es el libreto (brillantísimo en su último tramo), la calidad incontestable de las cuatro actrices principales, el humor, el amor, la música.

Sobran aquí explicaciones milagrosas. Id a verla.