lunes, 18 de septiembre de 2017

Las dos últimas de un adaptador de best sellers


Me he visto las adaptaciones al cine de El guardián invisible y Palmeras en la nieve, esforzadas producciones que parten de sendos éxitos lectores, con lo jodido que ya va estando que te lea nadie. Haber publicado una novela recientemente pone las cosas algo más difíciles, porque los peros pueden parecer interesados. Pero allá cada cual, seguramente quien lea esto ni sabe que yo publico en papel, o apenas le importa. Vamos al lío.

He leído la novela de Dolores Redondo, primera de su trilogía del Batzán, de la que lo bebe todo la película El guardián invisible, empezando por el título. No he leído, en cambio, Palmeras en la nieve, la novela de Luz Gabás que propició una película inmediatamente anterior, dirigida por el mismo Fernando González Molina. Aún así, ver ambas adaptaciones me ha dejado la impresión de que la historia de El guardián invisible debió mejorarse notablemente con el trabajo de guión, mientras que el guionista de Palmeras en la nieve, por el contrario, dejó demasiada novela sin contar.

Lo que quiero decir es que El guardián invisible es una novela con carencias notables y trasladarla con fidelidad las evidencia todas. La producción destaca (en especial las localizaciones, la fotografía, la dirección artística), pero a un casting irregular hay que añadir la cantidad de diálogos meramente informativos que se desgranan en pantalla. El Batzán es hermoso, Elizondo también, el rumor del agua, el bosque, la niebla,… todo luce inquietante y agreste. Pero esa fuerza no se traslada a la pantalla hasta que la madre anciana asoma la patita, casi al final. A partir de ahí, la película adquiere el pulso (ritmo, tensión, puesta en escena), que debió tener desde su inicio. Mucho antes de esa violencia bien rodada, un buen guión habría desarrollado mejor a la tercera hermana, a la tía, no digamos a los hombres de la historia. Tal y como queda, todo es demasiado tópico, demasiado plano. Y González Molina y su guionista parecen fiar en la adaptación de las dos partes restantes para tapar los huecos, perfilar pasiones y traumas, ganar en intensidad y sorpresa. Veremos.

Con Palmeras en la nieve diría que el problema es inverso, que la novela daba para mucho más, que el guionista ha sacrificado información valiosa del propio libro, dejándolo en pura peripecia exótico-romántica de bajo vuelo.

En pantalla, nadie pone en antecedentes al espectador (en el barco que les lleva a Fernando Poo, a través del personaje de Emilio Gutiérrez Caba una vez en tierra), sobre qué hace España en Guinea y cómo. Tampoco sabremos nada del deterioro en la vida colonial y sus razones, más allá de un cruel basiquito (impecable Luis Callejo, como siempre), unos blancos puteros y un par de frases nativas entre lo naif y lo filosófico, eso sí, muy resultonas.  

A pesar de la música, de la hermosa Berta Vázquez y del paraje guineano abrumador, la ambientación escrupulosa de los escenarios en dos épocas, la banda sonora emotiva, etc. todo queda como una serie de TV abreviada para cine. Si de verdad fuese una serie, mi crítica sería otra en lo formal, aunque el guión siga necesitando aclaraciones y puntos de vista menos académicos. Realizada para la pantalla grande (donde, por cierto, alcanzó enorme éxito), me parece tan bien fotografiada y tan plana de realización como El guardián invisible.

González Molina sabe manejar grandes presupuestos, pero necesita mejores guiones y mejores montadores. Mientras eso no cambie, me temo que será un adaptador funcional de best sellers. A lo que parece, el mejor disponible.


viernes, 1 de septiembre de 2017

El regreso

He vuelto después de semanas de desconexión absoluta (literalmente, puesto que estoy sin móvil desde mi último viaje transoceánico) y mientras pasaba el tiempo "del corazón a mis asuntos", han fallecido gentes de valía como Terele Pávez, Basilio Martín Patino o Jerry Lewis.

Agosto siempre ha sido un mes perro para los profesionales del cine. Pero éste ha sido especialmente cabrón. Buen viaje a los talentos que nos han abandonado.

De los estrenos más recientes y algunas repescas septembrinas hablaremos en breve. 

lunes, 31 de julio de 2017

Sam Sephard


Pues sí que estamos bien. Adiós, Sam. 
Siempre fuiste un gran piloto.

Jeanne Moreau


Saluda a Miles de mi parte. Allí nos veremos.

domingo, 30 de julio de 2017

Dunkerke


Nolan rueda muy bien, eso es indiscutible. La cuestión es siempre el qué. Esta vez tenemos tema de empaque, la Segunda Guerra Mundial. Y un hecho histórico poco utilizado por los anglosajones: la huida en masa de su ejército (con matices, claro). 

A la producción no le falta de nada: escenarios impresionantes, amplio reparto con alguna que otra estrella, extras a millares, barcos de todo tonelaje, aviones persiguiéndose y bombardeando, hundimientos, música de Zimmer y una exquisita integración de todo ello en la postpro.  

La historia, centrándonos en la supervivencia de un personaje que abre y cierra la película, es muy interesante, porque cualquiera puede empatizar con ese "a ver cómo coño salgo vivo de aquí".

Pero la ventaja de que dirija Nolan es también el inconveniente. A Christopher no le basta con narrar con solvencia un hecho cierto y duro. Tenemos que ponerle una chispa de trascendencia enigmática, en la estructura narrativa, en la banda sonora, en los silencios atormentados (¿pueden ser de otro modo en una situación así?). 

La película podría terminar en el vuelo a hélice parada y la estética poderosísima de esa imagen hubiera dejado la película en alto. Pero el negocio obliga a encadenar tantos finales como acciones paralelas o desordenadas hay en liza. Apurarlas es innecesario, ya se sabe lo que depara cada una. Sabemos que el chico saldrá en la prensa local, que el ruido de los cazas pone los pelos de punta a quien sigue en la playa, que los ingleses se sentirán orgullosos de su ejército incluso en la derrota.

Esto es Hollywood: La espectacularidad a toda costa -aunque ésta es una espectacularidad medida, fascinante y oportuna-, los mensajes bien claritos, el sabor de boca a palomita de julio.

Para mí, la discusión sobre cómo se aligera el peso de un barco agujereado, los desertores mojándose, la selección de los que zarpan, la carrera con la camilla o el comportamiento del viejo marinero y el avión solitario son las maestrías que le arranca el director a Dunkerke. Lo demás es temor a la taquilla. 

Un temor relativo, claro, es una peli de Nolan, experto en joyería del siglo XXI.


sábado, 15 de julio de 2017

La guerra del planeta de los simios


De nuevo los simios dando lecciones, de lo que debe ser un taquillazo veraniego, se entiende.

Claridad y coherencia narrativas. Prodigio técnico insuperable. Personajes entendibles e interesantes. Buen enganche a la primera de Heston, pero sin subrayado. Un ritmo perfecto en la primera mitad y lógico, aunque lento en comparación, en la segunda.

Explosiones, claro, y gordas, pero donde tocan.

Sólo tres peros:
- Música demasiado presente (definitivamente, en Hollywood ya sustituye a las emociones enlatadas).
- Después de verlas todas, no sé de dónde viene la expresión "follar como monos"
- A César debieron llamarle Moisés.


viernes, 14 de julio de 2017

Casi leyendas


Ésta es de las que en el mundo hispano, cuando la realiza nuestro propio cine, no nos la creemos, pero cuando la hacen los anglosajones se puede tolerar y a muchos hasta les gusta.

Un ejemplo clarísimo de lo que hace un reparto carismático por universal (o sea, de Hollywood) y un presupuesto gordo, por una historia blanda que se vuelve más buenista a medida que avanza su metraje.

La vi hace pocos días, en Netflix, y los momentos de humor propiciados por la sinceridad sin edulcorar del personaje de Segura son en su mayoría buenos. Peretti es un intérprete notable, pero le toca una de las vertientes del guión que más se azucara (salvo que comparta plano con Segura). Y el que hace de guapo…, vaya, no es Darín.

Con un guión más medidito y una dirección y montaje finos, les hubiera quedado mucho mejor (hubiera sido otra película, claro). Aunque ya digo, los norteamericanos (y algún actor inglés, para ponerle especias), son los verdaderos reyes en esto del “cuando tiramos de bondad, se os saltan las lágrimas”.

En salas, por descontado, no la vio ni el tato. 
Ni yo.

miércoles, 12 de julio de 2017

lunes, 3 de julio de 2017

Gru 3

La 2 acusaba cierta fatiga, pero tenía historia. Eso se acabó: los minions, que siguen geniales, no mantienen una película entera a flote (salvo que sea enteramente suya).

Desde luego, el villano "ochenteisson" de ésta tercera es estupendo y daba para mucho más.

Banda sonora para los nostálgicos, aunque no se dediquen ya a las villanías de barrio (mi hermano mayor lleva en su coche la banda sonora de la cuarta, mejor aún que la que suena en la 3).

Lo demás, el mensaje agotadoramente familiar que los niños que van a verla no quieren ver.

Así que no hace falta consumirla entera y en butaca. Lo bueno de la película, que lo tiene, acabará en youtube, si no se exhibe ya en ese canal de moda, cementerio de elefantes.

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miércoles, 28 de junio de 2017

Cine de avión



Villaviciosa de al lado

No entiendo el boom. El planteamiento, que agotaba el trailer, era excelente. Lo que luego ofrece la pantalla no pasa de ser una comedia de fácil digestión como hay dos docenas al año. Que ésta fuese la tocada por los dioses supongo que se debe a telecinco. Pero que se vea en avión dice algo más: películas de avión, comida de avión...

Los del túnel

Comedia que podía haber funcionado como la anterior, pero con más mérito. Creo que tiene un problema de ritmo, y de humor menos complaciente. Las soluciones, la estructura, las cargas de profundidad,.. Mucho más ambiciosa y mejor acabada. El ritmo y la promo la dejaron volando bajo. Y, claro, volando.

Contratiempo

Fluida, elegante, negra... Lo tenía todo, salvo un difícil, si no irresoluble, problema de caracterizaciones. De una en concreto. Y no hablamos de Mario Casas, que está correctísimo. No quiero pasarme de listo. Para ir en avión, aprueba con nota. De otro modo, no estaría tan seguro.

El ciudadano ilustre

Tomar de protagonista a un escritor, aunque reciba el Nobel, es ya un detalle a su favor. El intérprete, además, lo clava.Peca de excesivamente cerebral y de una realización plana. Pero me pareció como si me ofrecieran durante el vuelo otra bebida gratis. Ilustre en comparación.

100 metros

Es una lástima no tener un protagonista menos encasillado y equilibrar la primera parte, bastante sensata y atinada, con la segunda, en la que empiezan a rechinar ciertos "buenismos" desaconsejables (ese noviazgo tardío...), y sobre todo la tercera, donde la épica que garantizaba la prueba deportiva se envuelve en melaza. Pero hasta las bandejitas de avión llevan un dulce. Eso sí, a estas alturas la química entre Rovira y Elejalde parece ya indestructible, sobre todo si se putean en pantalla. En resumen, que a 100 metros de distancia quizá no, pero a 10.000 mil de altura, vale.


miércoles, 7 de junio de 2017

Gilda en la Feria

Mañana en la Feria del Libro de Madrid, caseta 65, de seis a siete de la tarde (y luego en la terraza más próxima), firmaremos ejemplares.

Rita no ha confirmado su asistencia. Pero no dejemos de soñar.


(carboncillo de José Luis García)


lunes, 29 de mayo de 2017

Piratas del Caribe 5. Versión extendida


Versión extendida en todos los sentidos: Johnny bebe mucho más ron, los malvados sobrenaturales son más sobrenaturales que nunca, la banda sonora no para un segundo, la espectacular patochada inicial agota el presupuesto de cualquier película digna tirando a cara de cualquier otra cinematografía del planeta, el tesoro que buscan es un pasote flamenco… y así.

Hollywood está muriendo –creativamente, en lo económico goza de muy buena salud- por exceso de recursos y necesidad compulsiva de gastarlo todo ante los ojos del espectador. Sin ir más lejos, las cuatro primeras escenas de esta película podrían ser su principio único. Todas las escenas parecen pensadas para ser “la escena”, estas cuatro primeras y todas las demás, olvidándose los guionistas (o quienes les pagan), de que una película es un todo no coincidente con la suma de sus partes.

Así las cosas, los diálogos humorísticos de las negociaciones piratas (dos o tres, muy pocos minutos del total), son con mucho lo mejor del filme. Ya poco importa si un barco se traga cualquier cosa, si el mar se abre en canal, si la ciudad portuaria es demolida,… puesto que esas maravillas técnicas dejan de impresionar a los cinco minutos y duran veinte (cada una).

Exageradito, super-intenso, agotador.

Recuerdo una frase de Fritz Lang a Peter Bogdanovich (dos dinosaurios que más de uno tendrá que buscar en google): “En algún momento los estudios dejaron de pensar películas que hiciesen dinero para hacer dinero haciendo películas”. Y lo lamentaban en 1965. Eso le pasa hoy a Disney, que tiene en un puño casi todas las sagas apisonadora de la industria: Piratas, Starwars, Marvel, Pixar franquiciándose de forma temeraria, revisitación de clásicos animados en imagen real,… y así. Cualquier día se compran Bond (deben estar en ello) y terminamos de joderla. Las primeras de cada “línea de negocio” fueron cine, de consumo, pero cine al fin (y el “cine de consumo” atesora la mayoría de las obras maestras, no hay que ponerse estupendos). Lo malo es pedirle a cada gallina un huevo de oro más grande cada vez, porque el tamaño de su culo sigue siendo el mismo. No parece importar, si la gallina explota también haremos caja.

Y lo peor es que la hacen. También conmigo, maldita sea. 

Piratas del Caribe, y van cinco


Pues fuimos a verla, mi peque es fan. Y lo voy a resumir con una frase de Bruce Willis (en La jungla 5): "Lo que hay que hacer por los hijos".

jueves, 18 de mayo de 2017

Nunca te saltes una de Allen: Irrational man



La penúltima de Woody (que pronto será la ante-penúltima) es otra de esas en las que el pequeño gafotas de Brooklyn habla de cosas complicadas (y sombrías) con una sencillez y luminosidad abrumadoras. Lo adereza con asesinato, que resulta más llevadero y cinematográfico, pero es precisamente ese elemento el que le permite filosofar, en el buen sentido de la palabra, sobre las contradicciones de la vida, la reputación, el desánimo y el amor. Las pocas cosas que en un momento concreto de la existencia parecen animarte a la acción o invitarte a beber sin freno de una petaca de bolsillo. 

Los actores están impecables, como suelen con Allen, y la fotografía, escenarios, música y ritmo son de una frescura tranquila que parece fácil, pero que apenas está ya al alcance de ningún cineasta norteamericano. 

Sin autorías contorsionistas, sin metrajes desmesurados, sin créditos molones. Allen parece casi el único artista racional de Hollywood. Obviamente, allí deben tomarle por loco.


domingo, 14 de mayo de 2017

Guardianes de la Galaxia vol.2


Con la galería de personajes principal ya conocida por los espectadores y una historia mucho menos compacta (los diferentes frentes de maldad tienen poca miga o dan pocas sorpresas, huelen a transición), lo que se impone es lo que suele en todas las secuelas Marvel: más de todo.

El humor y la capacidad genuina para emocionar siguen ahí, pero enterrados bajo tres toneladas de pirotecnia estirada hasta más allá de lo recomendable, cuando con media tonelada era suficiente. La duración de las peleas, destrozos y cuentas atrás desactivan en muchos casos lo mejor del guión, que siguen siendo las coñas y el lirismo.

Lo malo es que en la próxima no volverán al equilibrio. Harán más de todo (otra vez) y el resultado será muy fragoroso y menos divertido. Lástima, porque la primera era una maravilla. En ésta, lo único alucinante son los cameos y eso debería hacerles pensar en la utilidad de lo que se están gastando en croma.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Presentación madrileña de Gilda en los Andes

Hoy toca.
Estáis todos invitados.
Es a las siete y media, en la librería Lé (Castellana 154). 
A las siete y media de la tarde
Seremos rápidos y divertidos.


viernes, 5 de mayo de 2017

Comanchería


Estados Unidos está hecho polvo. Y si te das una vuelta por Texas (fuera de Austin, claro), la cosa da miedo. No sólo por la sensación de abandono, que también, sino porque todo el mundo tiene pistola y se muere por usarla.

Partiendo de eso, se puede hacer cualquier película de atracadores. Ya sabéis, malas maneras en la sucursal, fajos en bolsa de deportes, coches grandes pero algo pasados de moda quemando rueda por carreteras comarcales, tíos heridos pero con armas dentro del coche, caretas variadas, policía a mogollón, una tía buena que adorne y hasta dispare, un comisario majete, algún que otro corruptillo del establishment

Lo hemos visto miles de veces. Pero no como en Comanchería. Aquí hay ideas, personajes, escenas inteligentes (de las violentas y de las pausadas), un verdadero plan y un duelo final ¡a base de palabras!.

Jeff Bridges está en un nivel inalcanzable. Es como Sacristán, Mitchum, Von Sydow,… Una mala bestia a la que no le importa envejecer, hacer cine alimenticio o clavar obras maestras como ésta. 
No os la perdáis, que os tiroteo. 


jueves, 4 de mayo de 2017

Dos modos de ser autor: Julieta y El Olivo


Ser “autor” es algo que en España parece a menudo sospechoso de petulancia o prepotencia. Cuando todos sabemos que la mayoría de autores no tienen dónde caerse muertos. Supongo que, parafraseando a Fernán Gómez, no se conoce gente en España con vocación de autor, sino de autor de éxito.

Almodóvar y Bollaín son dos autores de éxito, cada cual a su manera. El manchego lleva unos años a la deriva, por asuntos varios (cinematográficos y de los otros), pero su caja internacional no tiene comparación en la mayor parte de la industria del cine (española, si la hay, y mundial). La pelirroja Bollaín no llega a tanto, pero es la directora más solvente de por aquí y sus películas, con más o menos acierto y repercusión, siempre interesan.

Veamos cómo les ha ido a cada uno con la última, en mi opinión:


Julieta

Llevo mucho tiempo tratando de decidir si lo que he presenciado es una obra depurada y sentimental o un precioso frasco vacío. Almodóvar vive ensimismado porque no puede ya vivir de otro modo, eso salta a la vista. Sus personajes sufrientes, más literarios que los que cocinaba a pie de calle, son reales gracias a un casting que nadie más se puede permitir, y su gusto por el color, la decoración, el arte y la lectura es de agradecer, pero alambica el envoltorio y nos distancia cada vez más de su autenticidad. Todo esto parece inevitable, pero Almodóvar debiera tener talento sobrado para evitarlo. Cada personaje, por sí sólo, me parece cinematográficamente afortunado, pero  no terminan de encajarme en sus conexiones, motivos y secretos. Julieta es como es, enigmática, doliente, un poco innecesaria. Pero el talento sigue ahí, bajo capas y capas de autocomplacencia y peloteo (que rima con Deseo). Es el precio del éxito. 

Y un misterio a título personal: ¿si esta película hubiese precedido a  Los abrazos rotos, La piel que habito y Los amantes pasajeros, me hubiera parecido mejor? Frente a ellas, lo es de largo. Frente a las precedentes, creo que no desentona pero tampoco brilla.


El Olivo

La pelirroja sabe lo que es acertar hasta el desborde (Te doy mis ojos) y patinar por pudor (Mataharis), tener olfato (Flores de otro mundo) y pasarse de frenada (También la lluvia). Aunque con todas aparenta partir de una premisa que Almodóvar parece haber olvidado: Mejor que intentar una y otra vez la obra maestra, procura hacer una buena película.

El Olivo lo es: sencilla, bien contada, con su punto reivindicativo marca de la casa (lo menos importante del relato), y un pulso de hierro para las tiranteces del vínculo familiar. Hay paisaje a vista de pájaro, países lejanos, escenarios adecuados,… En fin: medios razonables, pero no se notan, funcionan al servicio de ese trío metido en el camión y ese abuelo silencioso, viudo de árboles milenarios y sagrados. (La joven protagonista es una flor de otro mundo).


miércoles, 3 de mayo de 2017

Esperando al rey


Adaptaciones bobas pero aparatosas de las novelas de Dan Brown aparte, Tom Hanks ha retomado el pulso eligiendo hace varios años ya. Han bastado unos cuantos “americanos de bien”, su especialidad, metidos en diferentes apuros (somalíes, berlineses, newyorkinos o en plena Arabia), para demostrarnos que nadie empatiza como él con la gente a la que le gusta ver gente honrada en pantalla, echándole huevos a la globalización y a sus daños colaterales.

Esperando al rey sigue el manual: un tipo desubicado va a encontrar sentido a su vida donde nada parece tenerlo. Dicho esto, ver a un estadounidense sin uniforme militar en medio del desierto, comprendiendo que es un mero proveedor para un cliente que no se deja impresionar, resulta bastante novedoso, interesante y cómico. Tom Hanks se encarga de que nos identifiquemos con ese comercial en territorio desconocido y casi siempre chocante.

No hay subrayados (aunque varias cargas de profundidad están ahí para quien quiera sumergirse) y casi se agradece. La cara de Tom ante lo que va pasando mientras espera es suficientemente gráfica. Sigue así, viejo amigo. También a ti nos pasamos un tiempo esperándote.


viernes, 28 de abril de 2017

Dancing Beethoven



Mi recomendación para el puente. 
Aviso: no sale Hulk resolviendo el desenlace a piñazo limpio

miércoles, 26 de abril de 2017

Adiós, Demme

No todos en el negocio del cine hollywoodiense se van dejando tras de sí una obra maestra (El silencio de los corderos, por quedarnos en lo obvio).
Tú sí.
Y mucho cine bueno o como mínimo grato que tardará en envejecer (algunas de las tuyas ya tienen décadas y aún no lo han hecho).
Se te echará de menos, Jonathan Demme.


martes, 25 de abril de 2017

El Ministerio del Tiempo


Me encanta este tipo. Y la serie de la que forma parte. Con sus limitaciones, sus gazapos, sus guiños, sus ensayos de riesgo que a veces se desarrollan con acierto y otras aconsejan repliegue rápido pero bien resuelto. Además, la fotografía y el sonido (dos asignaturas que pocas aprueban aquí), son para quitarse el sombrero.
La tercera temporada está al caer:

viernes, 21 de abril de 2017

Put the blame on me


Después de un embarazo de varios años y un parto normal en imprenta, 
ya ha nacido: 410 páginas pesa la criatura.
Preciosa, qué voy a decir yo que soy el padre.

Dentro de dos semanas en librerías. 
Ya disponible en www.editorialberenice.com


jueves, 20 de abril de 2017

Kiki, el amor se hace


Aquí siempre estamos buscando al listo de la clase: Almodóvar, Amenábar, Fresnadillo, Bayona… Paco León. Creo que éste último es el verdadero chico listo. No le descubrí hasta Carmina y su puesta en pie, no digamos la comercialización, me pareció brillante. La segunda de Carmina es aún mejor. Y, mientras ha aportado su vis cómica o dramática al servicio de aciertos como Tres bodas de más o Siete años, León ha coescrito y dirigido Kiki, el éxito inesperado del 2016, del que opino demasiado tarde.

Se supone que Kiki es un remake (no voy a abrir google para mirarlo) y tiene un título para echarse a temblar. Pero León hace la historia absolutamente suya, destroza por comparación los intentos frustrados de humor del último Almodóvar, dirige a los actores con precisión y desparpajo, consigue el ritmo que la comedia necesita (lo más complicado que existe y en un vida cruzadas como éste, no digamos).

Da lo mismo que el final sea descaradamente complaciente. Las majaderías del novio-atracador, la conversación entre los cirujanos plásticos, las artimañas lacrimales de Candela Peña,  la primera visita al club sórdido pero descacharrante, la asistenta filipina, la llamada erótica del sordomudo, … León regala tantos momentos de risa catártica a su público que el final vale y hasta ayuda.

Música, fotografía y un equilibrio de virtuoso entre lo zafio, lo inteligente y lo cómico, hacen de Kiki un éxito merecido. A años luz de las comedias que han hecho taquilla últimamente en España. Almodóvar debería producirle la próxima y no entrometerse en ningún momento.

León es el chico listo.


domingo, 16 de abril de 2017

Fast and Furious 8


En mi descargo debo decir que era una sesión de machos alfa familiar (sobrino, hermano, patriarca, todos muy amantes de la alta cilindrada). A partir de ahí, hay que reconocerle a la saguita que no se moleste en poner títulos creativos. Ésta es la 8 y ya está: Carracos a toda leche, guapas mozas, parajes variados, piñazos a gogó, un plan para destruir el mundo, una improvisación igual de destructora para evitar el plan maligno,... y así. 

Sale la Pataki, pero nunca lució como conductora en la saga y eso trae consecuencias a la larga (hasta la 8 hemos llegado, guapa). Su cheque se habrá llevado a Asgard, qué duda cabe. 

También sale Charlize, que hace de mala y se marca una interpretación elocuente, que consiste en no pestañear para dar muy psicópata (o eso, o ha pasado por quirófano para nuestra desdicha actual y futura).


La gran novedad es que aparece La Habana, la verdadera. Suena Pitbull y malgastan una canción (mejor) de Orishas. El ambiente es mentira, obviamente, tan exagerado como todo lo demás, pero la arquitectura es la auténtica, y allá que va a todo gas un "almendrón" para el desguace por San Lázaro, Parque Central, Habana Vieja, Vedado y Malecón demostrando que Dominic Toretto es el mejor piloto vivo pisando pedal, que el trazado urbano se tunea lo que haga falta y que los gringos tienen una idea de Cuba más antigua que el bloqueo, pero venderá entradas de cine y billetes de avión a cascaporro.

Detalle simpático: después de moverse ufano por en medio de una flashmob de cubanas ligeras de trapo meneando el cun cun en plena calle (como si cualquier calle habanera fuera un anuncio veraniego de Coca-Cola), Toretto confiesa haberse instalado en Cuba atraído por su cultura y su gente. Que se prepare la Isla.


Poco más que añadir: New York luciendo atasco caído del cielo, Berlín en llamas, lago helado (ex-ruso) más largo que el campo de fútbol de Oliver y Benji... Los prodigios técnicos en lo que a acción se refiere son muchos, impresionantes hasta la comicidad, caros y rentables. 

A este género le pasa como al de las artes marciales, que el guión vale huevo si las peleas / persecuciones están a la altura. Para eso, conviene tener a un sobrino experto en coches que sabe de antemano el modelo de Lamborghini que va a darte problemas sobre hielo. 

Contratad a mi sobrino Kike como asesor para la siguiente, que ya os vale.

viernes, 14 de abril de 2017

Los 33


La historia de Los 33, otros tantos mineros chilenos que se quedaron atrapados en 2010 en un pozo de Atacama y mantuvieron en vilo a todo el planeta no es, por lo visto, gancho suficiente para que el mercado de habla hispana levante toda la pasta y la película se ruede en castellano. Ni siquiera una historia de este calibre hace pensar a los inversores que el idioma de los protagonistas merece conservarse y que el público puede responder a la película filmada en español, con el acento que corresponde, el de Chile.

Así las cosas, se arranca de un extraño punto de partida al reunir a un casting de actores españoles e iberoamericanos (o estadounidenses de ascendencia latina), para dar el tono "racial" idóneo y luego ponerlos a hablar en inglés. Es como si reuniésemos un grupo de actores y actrices estadounidenses para rodar Apolo 13 y, una vez contratados, interpretasen el guión en español con acento gringo: un sindios. 

Aún así, la película merece estrenarse en cualquier parte (en España aún no lo ha hecho) y tener algo de suerte en taquilla. No es una película maravillosa, porque la historia real es demasiado potente para una directora de talento estándar y un guión convencional, aunque solvente.


Las familias aprietan arriba mientras los 33 lo pasan jodido abajo y Antonio Banderas asume con desparpajo el liderazgo, por personaje y por fama personal. Varias pinceladas de humor, unos momentos oníricos que aguantan por su inteligente desenlace, buena recreación del derrumbe y los sucesivos taladros entrando en la montaña, momentos de emoción pura mezclados con otros algo impostados (la banda sonora debió ser mejor),... Todo bien, ya digo, algo lastrado por el tamaño de la historia real que a buen seguro tuvo una profundidad humana y social muchísimo mayor. 

Cuando el cine no cuenta historias más grandes que la vida, sino que las adapta de ella, vienen los problemas, no digamos hoy que los directores de fuste son escasos y en EE UU no están para estos proyectos. Así que la humanidad, el heroísmo, las miserias de unos y de otros, los parlamentos afortunados, las relaciones esbozadas, se racionan como las latas de comida que tenían los mineros en su refugio y saben a poco.

Me quedo con dos detalles que elevan la película hasta donde pudo llegar: la intoxicación evidente que produce en la fraternidad minera en apuros la conexión con el mundo exterior, y el momento en el que una de las mujeres canta Gracias a la vida, una de las canciones más bonitas que Latinoamérica le ha dado al mundo.


miércoles, 12 de abril de 2017

Siete años


La primera película española producida por y para Netflix cuenta con un reparto perfecto y con Roger Gual (uno de los artífices de Smoking Room) a los mandos. Sólo dura 75 minutos, pero son suficientes, casi el límite para que no nos parezca todo demasiado teatral.

Tampoco es que importe mucho (hay azotea, calle, taxi, algún otro instante que da aire a los confinados), porque se trata de un duelo de actores tirándose verdades empresariales a la cara, alternando cerebro y tripas con exhibición de registros cuando toca, y carácter bien trazado y sostenido si el guión se lo pide. 

Ver cómo los socios van haciendo grupo frente a las debilidades de cada uno de ellos, ante la mirada listísima del mediador Manuel Morón, es el lujo que la película da al espectador. Todo cercano, entendible y pestilente: La inconsciencia del tener frente a la responsabilidad de ser.

Poco importa el recurso algo fácil con el que se termina. Queda ese momentazo silencioso de Morón con su cigarrillo, que permite múltiples lecturas pesimistas.

Necesitamos más películas como ésta, sin esperar a que nos las produzca Netflix.

lunes, 10 de abril de 2017

Cine USA de qualité (primera parte)



No podemos juzgar el cine estadounidense más que por aquel que nos sirven sus distribuidoras. No debe diferir mucho la política comercial fuera de casa en otras regiones del globo, y desde luego no en Europa o Latinoamérica, los dos mercados que conozco mejor.

Lo cierto es que el nuevo milenio es un festival de entretenimiento ligero y ruidoso en líneas generales. Disney se ha quedado con PixarLucas Films y Marvel, los reyes de lo que ahora entienden los despachos por "cine familiar". En la oferta apisonadora del otro lado del océano entran también las franquicias de Universal (Fast and Furious), las de Sony (especialistas en distopías post-apocalípiticas, tipo Elysium), los revivals de Paramount (Star Trek), los superhéroes más seriotes de Warner, las estrellas solitarias tipo Will Smith o Tom Cruise... Todo ello aliñado de mucha precuela, secuela, spin off y remake. Caso aparte son las películas "para el Oscar", que complementan a los pocos autores de un tiempo pasado (ScorseseAllen,...). La lana está en la película evento, es decir, la que se come una cuarta parte de las salas nacionales de un solo bocado.

Aún, así, Hollywood se empeña en ofrecer cada temporada su versión más tradicional o más a la moda de cine de qualité y aquí van dos muestras claras, con resultado aparente, críticas favorables y detalles muy de fábrica.


SULLY. El viejo Eastwood ya no tiene nada que demostrar, pero procura no cagarla porque tiene productora y fama de tacaño. Así que contrata a Tom Hanks pilotando por partida doble (avión y película) y escoge una noticia edificante y unos malos de manual (aerolínea y aseguradoras que pagarán la pérdida del airbus). La película no es más que una historia potente en su anécdota y estupendamente narrada en su desarrollo, como casi siempre en Clint (la de los cantores de Jersey no le quedó tan bien). Además, el newyorkino sale bien parado y eso que este ciudadano tiene reputación de ser el más borde de Estados Unidos (un poco como los parisinos en Francia).

Fotografía, avión, río Hudson, amerizaje, rescate, audiencia pública,... todo luce conocido pero solvente. Hanks sigue siendo el heredero de Stewart. Eastwood el de Hawks. La película, en medio del panorama antes descrito, parece una joya, aunque en otros tiempos hubiese quedado en el nivel medio de la tabla buena.


LA LLEGADA. Cada película estadounidense del director de Incendies me gusta menos que la anterior, siendo todas agradecidas de ver y fuertes de planteamiento. Pero los extraterrestres sin combate dan para lo que dan, Denis. Impresiona el primer encuentro, luego entramos en las noticias de países revueltos, los militares más o menos expeditivos, la madre sufriente/chica lista, los equívocos, la mano tonta de la Cía,... y así.

Excelente en la fotografía, la elección de intérpretes (de esos que aún combinan sagas comerciales con pelis de qualité a cara lavada), la música, el escenario,... la producción. Y con el toque trascendente hasta en la estética que la ocasión merece. Si la firma Nolan (otro de la qualité USA en su versión revienta-taquillas), nos la tragamos igual. De hecho, algún recurso suyo tiene. Malick sobrevuela los planos cortos de ella.

El Estudio contento, el espectador sin mucha memoria fílmica, también. De este modo, Hollywood sigue brillando, aunque el finlandés nos diga que ya está muerto y no lo sabe. 


domingo, 9 de abril de 2017

Dos cuentas pendientes


QUE DIOS NOS PERDONE
Rodada con brío, con sensación de calle, programa de madrugada cámara en mano, atestado policial y telediario veraniego, esta nueva película del director de Stockholm es un paso más en su pericia narrativa, técnica y de dirección de actores.

La historia lo tiene todo, hasta licencias de guión muy notables que cuelan sin un pestañeo, tan bien está de ritmo e interés la historia. Capitanean un puñado de polis, más creíbles cuanto más castizos y capullos, junto a un Antonio de la Torre que también brilla, gracias a la originalidad de su papel y el modo de construirlo en pantalla. Lo de menos es el malnacido que viola ancianas, aunque está todo lo aterrador y enfermizo que le corresponde.

Silencios policiales desaconsejables, ambiente caluroso y movido en el centro de Madrid (ya le podíamos dar una pasadita de pintura y escoba, coño), un poli fuera de control, otro circunspecto, flecos familiares aquí y allá que dicen poco pero bien,... En fin, la película debió arrasar, pero tuvo la desdicha de solaparse en cartel con Tarde para la ira. Ay, distribuidoras, que Dios os perdone.

Al menos Roberto Álamo se llevó su Goya, bien merecido.



EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS
Toparse con una película española que aborda casos tan rocambolescos y significativos como el de Paesa metido en el enjuague final del asunto Roldán. Una película que viaja a París, Singapur, Berlín o Berna. Que se entiende a pesar de los vaivenes en el tiempo, la profusión de personajes, idiomas, escenarios y pufos. Que se disfruta como aquel cine francés de fama (Delon hubiese sido un gran Paesa) o el cine inglés casi desaparecido desde que Harry lo fue enterrando con su varita.

Todas esas excepcionalidades hacen de ésta una película excepcional. Llevada a serie de televisión lujosa, aunque fuese de tres episodios largos, creo que habría ganado. Con todo y eso, la última de Alberto Rodríguez me resultó arrolladora. 

Eduard Fernández está ya a un nivel fuera de elogio, pero José Coronado sigue creciendo (y eso que ya está bastante arriba). Todos tenemos mil caras.