jueves, 30 de diciembre de 2010

penúltimo cartucho 2010


Dice un titular de los de fin de año que lo más comentado en twiter durante el 2010 ha sido el Mundial de fútbol, Justin Bieber y la película Origen.
No vamos a entrar en que sería más esperanzador que hirviesen las redes por Haití tras el terremoto, por los mineros de Chile o por el nivel de paro juvenil de los países en crisis.
Pasemos por alto que no tengo la menor idea de quien es Justin Bieber, lo que debe significar que después de los cuarenta la mayoría de las celebridades nuevas dejan prácticamente de importarte.
Y reconozcamos la trascendencia del Mundial como catalizador de pasiones patrióticas y espectáculo total que aúna publicidad, música, carnaval, mitomanía y deporte globalizados. Más aún si gana la Roja, je.
Pero lo de Origen escapa a mi comprensión. Nolan tiene mucho talento, de eso no hay duda. Y nunca hace películas que se salten el sagrado principio de entretener. Además, las concibe casi siempre como un rompecabezas en acción, lo que fomenta el debate sobre sus detalles más significativos. Pero Origen se limita a ser un suntuoso espectáculo de demolición urbana, persecuciones y tiros barnizado de metafísica palomitera. Conseguir el récord de comentarios en twiter –a costa, supongo, de cuánto hay de sueño y cuánto de real en cada “capa” de la película- dice no pocas cosas del mercado cultural en que vivimos.

¿Habrá alguna vez una película española con ese nivel de penetración "internetera"? ¿Será tan vacua y vistosa como Origen?

martes, 28 de diciembre de 2010

Qué bello es vivir




Anoche soñé que volvía a Manderley...

La víspera de Nochebuena una gran campana volteó en la pantalla antes de que el nombre de la productora Liberty films apareciese sobreimpreso y diera paso a una sucesión de clásicos tarjetones navideños, por los que desfilan los artífices de la película más conmovedora de los diciembres occidentales desde que nació la televisión y un milagro permitió durante décadas emitirla sin pagar derechos.

Hace 65 años, cuando el invento del cine no tenía medio siglo y la TV estaba en pañales, un director llamado Frank Capra decidió empezar su película más realista saltándose todas las reglas de la verosimilitud que imaginarse puedan. Porque, tras unos planos de pueblo nevado del que parten un sin fin de oraciones por un tal George Bailey, Capra nos lleva directamente al espacio sideral, donde dos constelaciones que representan a San José y al mismísimo Dios hablan de ese hombre por el que todos rezan. Para ayudarle en un instante de suprema desesperación personal enviarán a un relojero –como es lógico, ya fallecido- aspirante a ángel, al que contarán primero la vida de George Bailey. ¿Alguien da más? El mismo Capra, porque en realidad la historia sólo ha empezado y una serie de flash-backs descubrirán la prodigiosa e irrefutable verdad de ese hombre que encarna con bondad y fiereza el gran James Stewart.

“Creía que un drama era cuando llora el actor, pero la verdad es que lo es cuando llora el público”, escribiría Capra en sus Memorias muchos años después. Y tenía razón. Parece mentira que un tipo como Bailey, alto y cordial, que fuma en pipa y lleva sombrero, al que desde niño le gustaban la aventura y las mujeres bonitas, tuviera que condenarse por mero sentido de la responsabilidad para con los suyos a vivir en una población que jamás saldrá del blanco y negro. Pero lo potente del guión y de su puesta en escena es que el mundo está lleno de tipos así, incluso ahora, cuando ya no se lleva el sombrero y apenas si se puede fumar. Lo que pasa es que nadie tiene la oportunidad de ver el valor de sus sacrificios en vivo y en directo y presta poca atención a las ocasiones que lo muestran con mayor frecuencia de la que creemos. Porque es más fácil fijarse únicamente en los desagradecidos y verle a la ciudad aspecto de Pottersville. Ese es el verdadero drama y el público lo sabe.

George Bailey, tan humano como cualquiera, es un hombre atrapado en todo aquello que no tiene más remedio que hacer, casi siempre a su pesar. Y por si esto fuese poco, hacerlo mientras se defiende del avaro Potter, que intenta corromperle o destruirle una y otra vez. Afortunadamente tiene a Mary y a sus hijos. A su madre viuda y a su brillante hermano pequeño. Al viejo tío Billy y a sus mejores amigos, el policía y el taxista. Y un montón de gente a la que viene sirviendo sin otra ambición que marcharse a conocer un mundo lleno de “Pottersvilles”. Incapaz de darse cuenta de que su ciudad nunca será un Pottersville porque él no ha permitido que lo sea. Y que por eso es George Bailey “el hombre más rico de la ciudad”.

Sólo hace falta seguirle en su peripecia, antes incluso de la oportunidad que le ofrece Clarence de conocer la vida de los suyos si él no hubiera nacido, para comprender el auténtico valor de un hombre. Es decir, que anoche la película volvió a producirme el mismo efecto de siempre, el mejor que puede experimentarse en Navidad: Al terminar de verla soñé que todos los Pottersville podían ser Bedford Falls.

jueves, 23 de diciembre de 2010

jueves, 9 de diciembre de 2010

Por ser como eres

Excelente cortometraje de Fernández Armero. Esa actriz tiene madera. Lo hace todo, en un par de minutos y a capela. Ojo a su papel en la nueva de Cobeaga (el director de Pagafantas)

martes, 23 de noviembre de 2010

V Festival de Cine Inédito de Mérida


¡Fantástica edición la de este año!
Las películas que componen la Sección Oficial a Concurso, por riguroso orden cronológico, son:

SIN RETORNO (Miguel Cohan, Argentina/España) Espiga de Oro a la Mejor Película, premio Pilar Miró al Mejor Nuevo Realizador y Premio FIPRESCI de la pasada Seminci de Valladolid.

HAPPYTHANKYOUMOREPLEASE (Josh Radnor, USA) Premio del Público en Sundance y 2º Premio del Público en San Sebastián 2010.

DE DIOSES Y HOMBRES (Xavier Beauvois, Francia) Gran Premio del Jurado y Premios Ecuménico y de la Educación nacional Cannes 2010. Dos nominaciones a los Premios del Cine Europeo (Mejor película, Mejor Fotografia). Seleccionada por Francia al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa.

INCENDIES (Denis Villeneuve, Canadá) Premio al Mejor Guión, Jurado joven y Público Seminci 2010. Seleccionada por Canadá para el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa.

LA MISIÓN DEL DIRECTOR DE RECURSOS HUMANOS (Eran Riklis, Israel) Mejor Música Seminci 2010. Película Seleccionada por Israel para el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa.

INSIDE JOB (Charles Ferguson, USA) Documental sobre la gestación de la crisis económica global no estrenado aún en USA, que después de estar en Cannes, Toronto, Edmonton, Nueva York y Valladolid, llega a Mérida.

CIRKUS COLUMBIA (Danis Tanovic, Bosnia/Francia) Seleccionada en Sarajevo, Venecia y Toronto. Candidata por Bosnia a la Mejor película de Habla No Inglesa.

Y además "La Noche del Cine Extremeño", una proyección especial de la ganadora del pasado año Los Caminos de la Memoria, cinco películas del maestro Hayao Miyazaki para los niños en las mañanas del Festival, un pase de Precious para Institutos, una película sorpresa (Cine a Ciegas) de la que nadie sabrá nada hasta el instante mismo de su proyección y una esplendida Gala de Clausura el Viernes Dia 3.

El gran David Garrido está en el ajo, dirigiendo la programación y contenidos del Festival y repartiendo simpatía a manos llenas.
Un Festival de cine hecho por enamorados del cine. Empieza mañana. Os lo recomiendo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Calabuch


Anoche soñé que volvía a Manderley…


Anoche volví a Calabuch, donde una vez Berlanga jugó a ser Capra sin traicionarse un ápice, retratando un pueblo español de posguerra idílica con sus procesiones y su contrabando, sus monumentos en ruinas, un cartero con olfato para el Channel nº5, niños fumadores, farero cultivado, cura ludópata, cabo indulgente, enamorados pobres, trompetista guapetón y bar con centralita de clavijas atendido por una seguidora de Gary Cooper.

Don Luis ya había ejercido de Mark Twain en Novio a la vista con la misma soltura y siendo siempre Berlanga, pero el pueblo incrustado sobre el mar de Levante en una peña hoy cercada por burbujas de hormigón le permitió mayor dulzura utópica con el mismo humor implacable. Y todo clamorosamente mentira para quien lo quisiera ver, como también le sucede a Capra si te imaginas sus películas sin Barrymore y sin James Stewart. Aunque la realidad no ha importado nunca en el cine, ni en el llamado neorrealista, y ya lo decía Hitchcock irónico sobre los que trataban de atar cada cabo en pantalla: “mis amigos, los verosímiles…”

Berlanga, tan listo, erotómano y a su bola como el inglés, pero sin más suspense que el propio sobre el próximo tijeretazo extravagante de la censura, cogió a un científico atómico en fuga y se montó un Vive como quieras de Capra mediterráneo donde no falta la fabricación vocacional de voladores, el artista por gusto -que aquí pinta nombres de barca-, la pareja ñoña y dubitativa y el patriarca que una vez representó al sistema y que en lugar de una armónica libre tiene una cárcel sin cerradura.

Calabuch es un lugar mejor que el mundo de los 50, no digamos que España. Es un refugio humanísimo, un estado del alma, una fábula geográfica en la que sentirse valiente frente a un torito de playa, jugar al ajedrez por teléfono ("pieza telefoneada, pieza jugada") o ir a la guerra con el mandado de volver a casa antes de la cena. Calabuch es la felicidad y por eso es tan efímero como un cohete de feria. Lo sabían Berlanga y su sabio Jorge. Lo saben los que hoy lloran la muerte de un cineasta grande e irrepetible.

Ojalá su fantasma no vuelva nunca a Manderley, sino a Calabuch, donde se esconden los genios.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Se ha muerto Berlanga


Se me han quitado las ganas de escribir

jueves, 11 de noviembre de 2010

El último magnate


Ha muerto Dino de Laurentiis, el viejo león italiano.

Productor de la película que inmortalizó a Silvana Mangano y a Vittorio Gassman, Arroz amargo.

De Las noches de Cabiria, La Strada (sendos Oscars) y Casanova, de Federico Fellini.
De El extranjero de Visconti y El tigre se perfuma con dinamita de Chabrol.
De Dune y Terciopelo azul de David Lynch
Y de Guerra y Paz de Vidor, Barrabás de Fleischer, Serpico de Lumet, Ragtime de Forman, Manhattan Sur de Cimino,…

Un buen currículum que hoy se antoja imposible en Italia, en Hollywood o en cualquier otro lugar del mundo.


Arrivederci.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Los guardianes de Ga'hoole


Aquí (entendiendo Aquí por Hollywood y aledaños) montamos una historieta apañada para el nuevo soporte (el 3d de los huevos), con los elementos básicos de la épica “pleyesteision”, tirando de la saga de Peter Jackson, el clásico galáctico, la vieja filosofía “todo a zen” y lo que Disney nos preste sin derechos, y ya tenemos un titulazo prenavideño (que la distribución sabe lo suyo) para un público cautivo y creciente de menores de edad con padres divorciados.

La cosa va de lechuzas nazis y buhos de la resistencia, un árbol sagrado y una batalla definitiva. Con cámara lenta para los zarpazos que más molan.

Cuánto dinero. Cuánto morro.

jueves, 4 de noviembre de 2010

para Luna y Ernesto, cinéfilos indomables

Alex Eylar es un fotógrafo que utiliza Lego para marcarse homenajes chulos como éstos. Y me viene que ni pintado para zanjar la polémica sobre Origen con dos amigos cuya opinión respeto profundamente aún cuando no coincida con la mía. Un abrazo a ambos.


Y el making of:





Y un homenaje a 007:



Y a Psicosis:


Y a Starwars:

Y mi favorito, a
El Resplandor:















miércoles, 3 de noviembre de 2010

mi reino por una frase (1ª entrega)



"General, tenga cuidado con su hija. Ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo estaba de pie".Humphrey Bogart (El sueño eterno)


"¿Quiere un disco de Stevie Wonder para su hija? ¿Es qué su hija está en coma?".Jack Black en Alta fidelidad


"Tengo un cuerpo para el pecado y una mente para los negocios".Melanie Griffith en Armas de Mujer


"Uno no se reforma, sólo pierde fuerza con el tiempo".Al Pacino en Atrapado por su pasado


"No pueden matarme, mi pais reaccionará, mandarán una carta".Woody Allen en Casino Royale


"Si te enamoras de un casado no te pongas rimmel".Shirley MacLaine en El apartamento


"No somos dioses, pero somos ingleses que es casi lo mismo".Michael Caine en El hombre que pudo reinar


"Es actriz, se graduó en Copacabana".George Sanders sobre Marylin en Eva al desnudo

"Puede haber honor entre ladrones, pero nunca lo habrá entre políticos".Peter O´toole en Lawrence de Arabia


"No te ates a nada que no puedas dejar en menos de 30 segundos cuando la poli te pisa los talones".Robert de Niro en Heat


"Hola, niños. Mensaje muy importante de vuestro tío Bill: NO COMPRÉIS DROGAS. Convertíos en estrellas del pop, os las darán gratis!".Bill Night en Love Actually


"La señorita Laurel me estaba enseñando sus acetatos".Cary Grant hablando de Marylin en Me siento rejuvenecer


"Es más facil aprender mecánica que conocer la psicologia masculina. A una moto la puedes llegar a conocer a fondo, pero a un hombre jamás".Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios


"Tocarle los pies a su mujer o darle lengüetazos en su sagrado agujero. No es el mismo juego, ¿comprendes?. No es la misma liga, ni si quiera es el mismo deporte".Samuel L. Jackson a Travolta en Pulp Fiction


"Para ti soy ateo. Para Dios, soy la fiel oposición".Woody Allen en Recuerdos


"Cásate conmigo y nunca mas miraré a otro caballo".Groucho Marx en Un dia en las carreras


"Por cierto... si hablando con usted me convierto en marica, le mataré".Robert de Niro hablando a su psiquiatra en Una terapia peligrosa

lunes, 25 de octubre de 2010

Gru, mi villano favorito


Universal, a través de la nueva Illumination Entertainment, se apunta al 3d animado con una historia que no pretende la acidez a toda costa de los títulos Dreamworks ni la perfección narrativa y emocional de Pixar. Ahí radica su fortaleza, porque Gru es otra cosa.

A partir de un diseño de personajes, escenarios y situaciones sobradamente rico y alocado, la película recicla algunas de las mejores ideas de sus competidores (desmitificación de estereotipos, revisión retro de los supervillanos y sus supervillanías, encanto valeroso de los personajes infantiles), y las cose sobre un nuevo traje pespunteado de clones amarillos que permiten resolver cualquier problema de ritmo o truco flojo de guión. Y que hacen reír tanto o más que los personajes centrales.

Rascando bajo la superficie colorista y refrescante tampoco hay mucha historia ni gran novedad: Un malvado dispuesto a ablandarse, unas huerfanitas en escalafón, una hijadeputa llevando el hospicio, la misión del “héroe” incompatible con su recién adquirida paternidad, el ayudante celoso, un malandrín hijo de las redes sociales y un final feliz inevitable y dulzote. Pero todo está contado con mucha gracia, virtuosismo gráfico, chistes visualmente eficaces y concesiones inteligentes a la imaginación infantil y su impenetrable lógica de juego.

Así que aprovechémoslo, que en cuanto se aproximen las navidades nos caerá encima una catarata de chorradas familiares donde el 99% será oportunismo estacional del peor.
¡Ay, quién fuera villano…!

martes, 19 de octubre de 2010

¿La última broma de Joaquín Phoenix?

O una acción de marketing viral o la reencarnación de Ed Wood en Lleida. Con web de la película (www.elcaballerodelantifaz.com) y notas y anuncios de prensa en revistas del ramo. Flipante.

sábado, 16 de octubre de 2010

La red social: Por fin el gran Hollywood


La red social recupera el gran cine norteamericano, el que de verdad no tiene competidores: Ese de los diálogos acerados y rapidísimos entre intérpretes precisos que se funden a los personajes y a los ambientes con una veracidad asombrosa, arropados por un montaje pleno de ritmo y variantes. El de las historias de amistad, ambiciones, poder, traición y abogados. El de los escenarios exquisitos que gracias a una puesta en escena invisible y sinuosa nos resultan extrañamente próximos (Harvard, Palo Alto, New York), donde se reconstruye la sociedad del primer mundo con el punto exacto de avance y putrefacción en que se encuentra hoy.

La red social pone sobre pantalla todo el clasismo de los campus donde se forjan los “estúpidos hombres blancos” de Moore, que ni son tan blancos ni tan estúpidos, porque al final dinamizan la economía, lideran la comunicación moderna y nos alimentan con la adormidera de ese producto infalible en el nuevo siglo, cuya esencia es una frivolidad extrema que pasa por libertad individual.

La red social retrata toda la misoginia de ese clasismo, donde la mujer apenas es carne que adorna al poder y te identifica con un éxito que al final se reduce a ser millonario y follar con la más guapa, o mejor una sucesión de las más guapas, sin sombra de duda americana sobre la relación directa entre ambas cosas.

La red social recoge los distintos grados de interés por los que se comprometen, se substituyen o se despedazan las alianzas entre jóvenes con ganas de triunfar y la fragilidad que desprenden cuando se quedan solos frente a su ordenador y recuerdan su “rosebud”.

En fin, un vistazo por microscopio a la condición humana y sus contradicciones, atrapada con brillantez en el corazón de Occidente, el único modelo cultural que parece seguir importando mientras el cine chino –por consejo gubernativo- exporte exclusivamente epopeyas históricas y leyendas de combatientes voladores. O sea, de momento.

jueves, 14 de octubre de 2010

Vencer sin convencer


He visto este puente Gru, El americano, Carancho y Abel.
La verdad es que, en relación a las expectativas depositadas en cada una, la que me ha defraudado es El americano, la que tendrá más éxito de las cuatro.
Me parece una muestra bastante significativa de cómo anda el patio en el cine vinculado a Hollywood. Basta con que se haga algo formalmente austero, con un cierto european touch, de ritmo pausado y final coherente, para que se califique como una interesante propuesta fílmica. Cuando en realidad la película tiene pocas bazas más allá del carisma de Clooney, la belleza de Violante, la calidad fotográfica de Corbijn (sólo faltaría) y el rollito italiano de los Abruzos. Que ya sé que no es poco, y puede suplir muchas carencias (de hecho, las suple).

Pero eso lo hace una película española, aunque la fotografía la firme García Alix, y me da que le llueven piedras hasta los Goya. Aunque, claro, nunca lo sabremos. Aquí a nadie se le ocurre pensar que tenemos paisajes como el de los Abruzos, mujeres como Violante y fotógrafos como Corbijn.
(Lo de Clooney ya es más jodido).

sábado, 9 de octubre de 2010

Cine desenterrado


A alguno le va a sonar a coña, pero lo cierto es que en esto del cine espectáculo los técnicos españoles tienen un enorme prestigio internacional. Y no es de ahora. Cuando Bronston vino a España a finales de los cincuenta a montarse en Las Matas un Hollywood alternativo y rodó Rey de reyes, El Cid, 55 días en Pekín, La caída del Imperio Romano y El fabuloso mundo del circo, el equipo de técnicos que pudo fichar aquí asombró con su capacidad en todos los terrenos, fotografía, sonido, decorados, maquillaje, producción…

Gracias a ellos rodó Kubrick las complejas escenas de batalla de Espartaco en la sierra de Madrid, resueltas con la habilidad técnica y logística que aportaba gente como Eduardo García Maroto (antes director adjunto de Alejandro Magno de Rossen o jefe de producción en grandes epopeyas históricas de la época, como Salomón y la reina de Saba –en la que falleció Tyrone Power-, u Orgullo y pasión con Cary Grant y Sinatra). Como Tedy Villalba, que sería ayudante de producción para David Lean, Anthony Mann, John Houston, Robert Rossen, King Vidor, Stanley Kramer u Orson Welles en títulos como Mister Arkadin, Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, Moby Dick, Camelot, Ricardo III… Como José López Rodero, fichado para películas como Papillón o Cleopatra y curtido con directores como el propio Kubrick, Nicholas Ray, Franklin Schaffner o David Lynch. Como Julio Sempere (55 días en Pekín, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Rey de Reyes, Espartaco, La muerte tenía un precio, Patton), Julián Mateos (con el tiempo, productor de Los santos inocentes y El viaje a ninguna parte), o Gil Parrondo, ganador de dos Oscars consecutivos a la dirección artística por Nicolás y Alejandra y Patton y tantos Goyas que ya debe haber perdido la cuenta.

Pero podríamos nombrar igualmente al inimitable Carlos Gil, ayudante de dirección o director de segunda unidad para tipos como Steven Spielberg, Michael Mann, Irving Khesner, Burt Kennedy, Richard Fleischer, Luis García Berlanga… O a los maquilladores David Marti y Montse Ribé, Oscar al mejor maquillaje por El laberinto del fauno de Guillermo del Toro. O a los animadores españoles de Pixar y Disney.

Así que no debería sorprender un alarde técnico como el que se despliega en ese extraño y potentísimo proyecto llamado Buried / Enterrado, del gallego Rodrigo Cortés, que se rodó en Barcelona en tres semanas, a tumba abierta (nunca mejor dicho), y con un solo actor que se había apuntado sin saberlo a la experiencia interpretativa de su vida.

Lo que sorprende, como pasó con Celda 211, es la premisa de la que parte, tan poco frecuente en el cine español, que consiste en realizar, o intentarlo dejándose el pellejo, un producto que te pegue a la butaca, con inequívoca vocación comercial, sin rastro de autoría autoconsciente. Una película de narración intensa, a contrarreloj, apabullante de ritmo. Una película que fomenta la ansiedad por verla antes de que los demás lo hagan.

Aunque Cortés va mucho más allá que Monzón, porque consigue todo eso desde una puesta en escena de radicalidad máxima: el único set es un ataúd bajo la arena irakí. Y allí, Ryan Reinolds se dedica a pasarlas y hacérnoslas pasar putas con un mechero, un lápiz, un teléfono móvil y poco más durante 94 minutos de cine en estado puro. Donde los ángulos de cámara originales no publicitan un estilo sino que vienen impuestos por la necesidad de narrar con solvencia lo imposible. Donde los silencios aturdidores no impostan trascendencias existencialistas, sino que transmiten miedo del mejor. Donde la música acelera la emoción o incrementa la sensación de peligro sin ningún sonrojo. Donde el espectador es el rey.

De vez en cuando, suceden por aquí cosas como ésta. El resultado puede dar una gran película o sólo un buen entretenimiento, pero la taquilla responde invariablemente como si le tocaran un resorte. Alguien de la exigua industria española debiera preguntarle a los veteranos que siguen vivos, algunos hasta en activo, para revisar el concepto del espectáculo cinematográfico cuando el 3d empieza a postularse como un extra de interés en esto de ir a la sala de cine.

Porque autores de talento son contados en cualquier país. Pero que crean serlo hay a patadas. Y más les valdría salir de la caja.

domingo, 3 de octubre de 2010

La verdadera


“Para sobrevivir habría tenido que ser más cínica o estar más cerca de la realidad. En lugar de eso era una poeta callejera intentando recitar sus versos a una multitud que le hacía jirones la ropa”

Norman Mailer

viernes, 1 de octubre de 2010

requiem por el Dúplex (I)



Ayer tenía un día intrascendente y bellaco, como suelen ser muchos de los laborables para un profesional de nivel medio con más de cuarenta palos y una agenda de cuatro localizaciones repartidas por Madrid en una sola sesión.
Al final de la tarde, camino del último compromiso, había encajado la cita siempre aplazada con un amigo de libros y películas, que son los que nunca te fallan. Nuestra conversación se iba a ceñir prácticamente a un desplazamiento en coche: me recogió en Ventas después de zafarse del atasco de la M-30, para llevarme hacia Diego de León, donde yo cerraba el día en la presentación de una nueva cerveza y él continuaría ruta hacia otro incendio igual de inaplazable e irrelevante. Pero llegamos con un poco de margen y buscamos cómo aparcar para tomar una rápida.
Madrid es ilimitada y en el fondo frecuentamos de ella cuatro aceras, dos bocas de metro y el bar del desayuno, que van variando de emplazamiento con el paso del tiempo y sus mudanzas. Y así puedes recordar de una calle de tu ciudad un pasado más muerto que el general de las guerras carlistas que le pone nombre. Porque la última vez que salí de un coche allí, las plazas de aparcamiento de General Oráa no eran de pago y el Cine Dúplex estaba abierto.

El Cine Dúplex. Con todas las letras aún en su sitio y las puertas tapiadas bajo los arcos azules que le dieron siempre su único signo de coquetería arquitectónica.

Ya sé, ya sé. No hablamos del cierre del Metropolitano, el Monumental, el Rialto o el Royalty (después llamado Colón, después nada), esos cines que añoraban en Nickel Odeon el mejor añorador del cine español, o sea Garci, y su veterana tropa. Pero el Dúplex fue mi cine en los ochenta, una década eléctrica que no sólo le pareció cojonuda a Randy "the Ram".

Cuando la única multisala de postín estaba en La Vaguada y no se habían inventado el dvd y su top-manta, vivimos en Madrid un puñado de cinéfilos la época dorada del "cinestudio" que abanderaban el Fantasio, el Regio y el Griffith, los de los programas triples y los maratones de cine. En aquella fiesta, el Dúplex parecía un pariente discreto, aunque jugaba con la ventaja de los sala doble. Tras su fachada anodina y sin distancia, como de cine tirando a X, se programaban mini-ciclos de los Marx, de Woody Allen, del 007 de Connery, de Marilyn, de Wells... De 3 pelis francesas, 3 de la Ealing con Alec Guinness multiplicado, 3 japonesas imprescindibles,… O rizando el rizo de la oferta, 3 de Michelle Pfeiffer (Lady Halcón, Cuando llega la noche, Dulce libertad) o Sigourney Weaver (Alien, El año que vivimos, La calle de la media luna), cuando eran jóvenes superestrellas de las que se inventaba una retrospectiva en versión original con lo que habían estrenado casi el día anterior. Por el precio de una, tuvimos dobletes como Falso culpable y Extraños en un tren, El hombre tranquilo y Qué verde era mi valle, Elígeme y Corazonada, El precio del poder y El honor de los Prizzi

En el Dúplex, junto a un par de compadres que no veo hace demasiado tiempo, convencimos a la taquillera para que contara en monedas de cinco y de una peseta el precio de tres butacas con las que salvarnos de una tarde ruinosa y convertirla en oro. Allí besé a la chica que se parecía a Angie Dickinson delante de la auténtica Angie Dickinson, tomé mi primer combinado en un bar de cine y me dormí en el cine por primera vez. Allí resolví encuentros y fugas, alianzas y traiciones, bochornos y heladas. Bogart me sirvió de telonero para un posterior concierto de alcohol por el lado noble de la ciudad y Michael Caine me enseñó cómo tener encuentros casuales con la mujer que amas.

Allí me olvidé de las cosas que no hice y de las que nunca debí hacer en los ochenta.

Hace unos pocos años, cinco quizás, volví a ver una película en el Dúplex después de mucho tiempo. Ponían Ocean Twelve, un título perfectamente prescindible que mi amigo Guerrero y yo dimos por bueno por su proximidad, para huir aquella tarde de una oficina de la calle Velázquez en la que nos dejábamos la piel y el credo. Trabajábamos 20 horas diarias en el manual de la marca Cohiba así que ver ésta de casinos llenos de fumadores de puros no fue una gran idea. Recuerdo la proyección como uno de los momentos más surrealistas de aquella aventura profesional que nos llevó después a ver Kill Bill en el cine Payret de La Habana (pero eso es otro post).

Cuando Ocean, las entradas del Dúplex estaban de nuevo al precio de mercado por cine de estreno –había muerto el negocio de las retrospectivas- y la cosa olía a decadencia. Lo que pasa es que uno nunca cree que perderá a un amigo porque haya dejado de llamarle, ni que su cine va a cerrar aunque haya dejado de ir allí a ver películas. Quizá lo del amigo sea verdad en ocasiones, pero los cines cierran de pronto y te recuerdan que “aquellos tiempos pasaron y no volverán”.

Si vas a su encuentro y topas con que lo que hay es un centro comercial o un híper, se te queda la cara que a Eddie el rápido cuando su templo del billar había sido desmantelado por el color del dinero sin pedirle a él permiso. Pero si llegas por su calle de forma fortuita, como yo ayer, y al salir del coche ves las puertas tapiadas con los cierres metálicos venciéndose como un viejo acordeón, no te acuerdas ni de Paul Newman, sólo de ti mismo mirando 20 años más joven una pantalla parlante en la oscuridad.
Algo sombríamente parecido a ver pasar a toda prisa tu vida en imágenes....

jueves, 30 de septiembre de 2010

El Padrino de Taormina.



Lo más hermoso de la búsqueda no suele ser el hallazgo, sino el camino que nos conduce hasta él. Sin este espíritu claro y con la excitación propia del viaje rebosando en el corazón nos lanzamos a investigar la misteriosa isla del Etna, la mítica Sicilia.
Taormina, la empinada villa que duerme bajo un teatro griego, nos acogió con su calidez mediterránea. Allí fuimos tentados por manjares como el contundente Arancini o el cinematográfico Cannoli. Sus grasas saturadas, sus sabores perennes y olores de fábula quisieron frenar nuestra búsqueda, alejarnos del vellocino de oro, que no era otro que la iglesia, verdadero santuario para nosotros, donde Apolonia y Michael Corleone se prometieron en la ficción amor eterno.
Penetramos hasta el final del pueblo, empujados por las miradas amenazantes que don Vito nos regalaba desde las camisetas que se exhibían en las tiendas de souvenirs, y allí encontramos el espejismo de nuestro objetivo. Acodada sobre un mirador al mar, una pequeña iglesia nos devolvía a la magia del cine. Las dudas sobre su autenticidad se desvanecieron en el humo de los artificios fílmicos.
Sintiéndonos como James Stewart modelando a su Madeleine particular, hicimos de directores dioses, recreando caprichosos la escena elegida. Dimos vida a los personajes, construimos castillos sobre la nebulosa de nuestros recuerdos y nos dejamos llevar por la ilusión. Obviamos la realidad y, por un momento, nos sentimos felices, satisfechos y eternos, hasta que llegó la hora de la despedida. Al despertar de regreso a casa comprobamos que todo fue una ensoñación, que Coppola nunca rodó en aquel lugar y que nosotros, sin quererlo y con permiso de Michel Gondry, habíamos rebobinado nuestra propia película.

Juan Laborda


NOTA: El pueblo donde se rodó el romance de Michael y Apolonia, boda incluida, es el de Savoca, a pocos kilómetros de Taormina y la iglesia de la que salen recién casados es la de San Nicola De Bari.

martes, 14 de septiembre de 2010

Lo más sincero del verano: LA CACHAS-PELI


¿Os acordáis de El juego de Hollywood, donde los ejecutivos de estudio oían durante toda la jornada propuestas de películas contadas en pocos minutos? Para poner en situación al tipo trajeado al que había que convencer, los directores y/o guionistas se lanzaban a tumba abierta: “Es una mezcla de Memorias de África y Ladrón de bicicletas”, “Vamos a rodar El graduado 2”,… y en ese plan.

Stallone, un viejo superviviente que se las sabe todas en este negocio, lo ha tenido más fácil en el planteamiento: “Reunamos a todos los cachas que podamos y démonos un festival de mamporros, frases stándar y dinamita”.

¿Veis al ejecutivo como yo lo veo? Deja de jugar con su pelota de baseball anti-stress y murmura “Me gusta, Sly. Hagámosla”.

Ya sé, ya sé, se lo dirán a la mayoría y sus proyectos dormirán en cualquier cajón, pero no le puedes prometer a Silvester una cosa de éstas y luego pasar del tema, porque frecuenta los mismos restaurantes y sabe manejar el cuchillo desde lo de Vietnam.

Así que se hace la peli. La cachas-peli. Stallone tira de agenda y convence a un puñado de actores con los que ha compartido pulsos, sangre de mentira, cadenas de comida rápida y alguna moza. Y nadie pregunta por el guión (salvo quizá Van Damme, que al no tener un personaje para su hermano gemelo ve el proyecto poco profundo…)

Cuadran un argumento basiquito –pequeño dictadorzuelo en pequeño país tropical al que hay que freír-, meten a una chica mona para darle una pizca de sensibilidad a la machada, la añaden algo de humor autoparódico y al ataque.

Esto es una película de acción con desmelene, entre el gamberrismo, la salvajada y la nostalgia, no creo que pretenda otra cosa. Los profesionales, Grupo salvaje y demás maravillas del cine violento y crepuscular no son el referente, para que lo tengamos claro. Porque además ha llovido mucho desde aquellas e incluso desde las que encumbraron a Stallone y su pandilla. El montaje se ha vuelto frenético, la espectacularidad destructora ha subido el listón y hay que pagar peaje a la cultura del video juego.

Pero ahí están ellos, repartiendo leñazos sin rubor alguno y haciendo una interpretación más “física” que la del Actor´s studio. Lo único que requiere vocalizar con la garganta además de con los bíceps se lo dejan a Rourke (con buen criterio) y la intriga reside en cuántas formas de matar y a cuántos a la vez ofrece esta ensalada.
De verano. De coña.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Postead, postead, malditos

Acabo de volver al blog después de tres semanas de asueto.

Empieza el baile.

jueves, 19 de agosto de 2010

Fin de temporada

Me tomo unos días.

A modo de parcial despedida os dejo este final de Solos en la madrugada, que con pocas modificaciones, me parece tristemente vigente. Pero que, como en el cine suele, resulta bonito de ver y ensancha el alma, aunque sea con una punzada de muy española desdicha.


"Porque no podemos pasarnos otros cuarenta años hablando de los cuarenta años..." ¿Qué no?


Nos vemos a mi vuelta.


miércoles, 11 de agosto de 2010

Rio Bravo


Anoche soñé que volvía a Manderley...



Cuando tú no habías nacido, tuve una novia que se parecía a Angie Dickinson. No jugaba al póker demasiado bien, pero sonreía con el mismo encanto, sabía ponerse las manos sobre la cadera y se tornaba vulnerable en el amor.

Anoche la recordé, frente a la pantalla de mi salón, cuando su réplica cinematográfica irrumpía en la habitación de John T buscando al propietario del hotel y sorprendía a aquellos dos hombres admirando un calzón rojo de mujer llegado por diligencia.

John Wayne era uno de ellos. Feo, fuerte, formal y sheriff. Fascinante en su aplomo para portar el rifle, levantarse el ala del sombrero, reconocer unas cartas marcadas o azorarse ante una chica de mundo. Experto en picar el amor propio de los amigos que se enfangan de trago, reconocer las cualidades de un pistolero joven o manejar con afecto a un anciano gruñón capaz de barrer la cárcel, tocar la armónica y lanzar dinamita.

Río Bravo es una gran historia de amor del cine americano que resulta a la vez claustrofóbica y vitalista. Habla del cariño entre unos hombres bragados que se respetan y se prueban desde que una mala mujer se bajó de la diligencia antes que Angie Dickinson y destruyó al más rápido y sagaz de todos ellos. Habla de amigos intachables que saben cuándo hay que pegar duro, perdonarse una bofetada o disfrutar de una sencilla canción vaquera, mientras la amenaza de un poderoso pone sus cabezas a precio en monedas de oro de 50 dólares. Y habla de la nueva chica de la diligencia, la viuda de un jugador de ventaja, que se aloja en el hotel, se enamora de John T, duerme armada ante su puerta, afeita a Dude y limpia los vasos de la barra como si estuviera en un hogar imposible atendiendo a su próximo hombre, ese sheriff cansado pero entero.

El amor fluye con el whisky que le sirve al final de un día áspero en Presidio, que quizá sea el último. En la escalera por la que él la cargará en brazos cuando la encuentre abajo, dormida junto a una escopeta. En el jarrón que atraviesa una ventana para distraer a unos pistoleros el tiempo que necesita Colorado en lanzar a Chance el rifle y desenfundar su propio revólver. En el repartidor de las habitaciones, mientras Dean Martin canturrea dándose un baño y el sheriff y la jugadora se comen con los ojos. En la habitación donde ella le besa y después él la corresponde: “sale mejor entre dos”, dirá ella.

Un hotel lleno de espacios cargados de narrativa, regentado por un mexicano divertido, nervioso y valiente, en el que la presencia de Angie Dickinson lo impregna todo. Ella no necesita visitar a John T en su oficina, el territorio donde los hombres aguantan la tensión y la sed. Angie es la chica de las plumas que juega a las cartas, se cambia tras el biombo y se derrumba cuando el amor la atenaza dulcemente. Una buena chica que encontró al fin su lugar junto al Río Bravo.

Me preguntó dónde encontraría aquella antigua novia mía su lugar. Me pasa a veces, cuando vuelvo a Manderley…

martes, 10 de agosto de 2010

Origen


Si quieres entrar en el Origen del universo Nolan, deberías ir a la última sesión de Plenilunio, un cine descomunal dentro de un centro comercial tremebundo dentro de un extrarradio diseñado por un arquitecto cabrón dentro de una ciudad que en agosto parece de mentira porque apenas se mueve nada en ella salvo un puñado de bebedores desorientados y gente corriente soñando con largarse. Si además has bebido algún trago extra y cenado poco, ya estás en la mejor disposición para experimentar el vértigo calculado de la última película de Nolan.

Manipuladores de sueños que engañan para robar ideas o depositarlas donde no las había se pasean por la pantalla llena de decorados suntuosos, actores cool y alucinaciones milimetradas. Di Caprio recupera el pulso de Infiltrados y da el tono exacto a un yonki de la pesadilla romántica, mientras los demás se conforman con acompañarle para facilitar las explicaciones de la trama (quizá demasiadas) y Marion Cotillard aparece cuando conviene y le mete alma al espectáculo.

Nolan es lo más parecido a un autor que tienen entre los nuevos directores de Hollywood, tal y como allí se entiende (“como no hagas taquilla te metes la autoría en el culo”), porque sus argumentos son originales y cuentan siempre con una premisa novedosa (el rebobinado de la memoria, el insomnio, la magia real o simulada). En el debe, que esas premisas condicionan sus guiones de arriba abajo. De ahí que a menudo dejen un regusto a máquina de precisión hasta para el espectador pasado de copas.

Origen es también una máquina de precisión, quizá la más perfecta de las que ha hecho hasta ahora, pero la presencia de la Cotillard la reduce a un bonito colgante adornándole el escote. El auténtico sueño es ella, mientras la misión de realidades simuladas para millonarios invulnerables que recorre el metraje importa lo mismo que una persecución automovilística, un aparatoso tiroteo o un edificio derrumbándose en cualquier película americana de presupuesto medio. Afortunadamente, Di Caprio y Nolan parecen saberlo y eso alimenta el conjunto de intriga auténtica.

Se rumorea que Origen revolucionará el cine de los próximos años. No lo creo. Encontrar después de las doce de la noche la salida de un centro comercial al desierto poligonero cuando las tiendas están cerradas pero todo permanece iluminado profusamente entre apliques multimarca y restaurantes de cartón piedra, está tan cerca de un sueño inquietante en el siglo XXI como la película de Nolan.

Salvo porque la Cotillard no aparece en él.

lunes, 2 de agosto de 2010

La sobrina hace su agosto (1)


Vaya un verano de acción que llevo. No precisamente por tener que quedarme un agosto más en Madrid, que no es de lo más emocionante que se puede hacer, pero para todos aquellos como yo, que les toca pasar así este apasionante verano, queda el cine.

No vamos a decir que el verano suela ser el momento de los mejores estrenos, pero si al menos suelen resultar películas entretenidas. De esas con las que no te importa pasar la tarde, fresquito (a veces demasiado) en buena compañía y con unas ricas palomitas.

Hace una semana pude disfrutar de unas buenas carreras de coches, motos, disparos… esas cosas que son tanto de pelis americanas como de videojuegos. Noche y Día no me defraudó, teniendo en cuenta la baja expectativa con la que entré a verla. Pensé que al menos los actores me harían disfrutar, aunque el diálogo no fuera brillante. Y en fin, pasé un buen rato.

Me dijeron hace unos meses que debía sacar las uñas y atacar con fiereza las malas películas… pero no se por qué extraño motivo, no me siento tentada a ello en este momento.

Los personajes me parecen prototípicos de las películas de acción: el tío bueno-caballero que sabe salvar a la dama de todos los apuros, pero que además tiene un gran sentido del humor. Una mujer que no ha viajado nunca y no conoce más que su ciudad y que tiene la ingenuidad a flor de piel. Unos mafiosos, muy malos con mucho poder y dinero (y en una bonita ciudad española). Pero algo te hacía mantenerte en el sillón sin ganas de irte (y lo dice una sobrina que había dormido 3 horas la noche anterior). Recuerda a todas las de James Bond, en la que, aun a pesar de que sabes como acabará, te ves la película tranquilamente. Con una intriga añadida, que no hay en las películas de Bond, donde sabes quién es el bueno y quién es el malo en todo momento.

A favor de Tom Cruise, diré que parecía que era un personaje a su medida (y no va con ironías, ya sabemos que de altura no está sobrado el muchacho), se le veía en su salsa. No así me pasó con la prota, quien no tiene una cara de ingenua y patosa como se pretendía con su personaje. Aun así, me quedo con una escena de Cameron en el baño del avión. Risas como las que pasé en ese gag, la verdad es que hacía tiempo. Igual es que una se sentía demasiado identificada (de hecho, fuimos más de una las que nos reímos en ese momento).

Algo que notamos al final es que las diferencias de medida (éstas si, de altura), no se perciben en ningún plano. Algo que debió de estar muy meditado y no creo que fuera demasiado fácil. Aunque, para premeditada y muy mal hecha, la escena de la moto, si la del cartel, la cual transcurre en unos San Fermines en Sevilla. ¡Óle! No sé que más decir ante unas imágenes fatalmente hechas a ordenador, en las que los vehículos y los toros van a la par, y hasta entran todos en la plaza. En este momento también me reí de lo lindo, por no echarme a llorar. Cosas de “guiris” un tanto peculiares. Les pasa como a la prota: paletos que no salen de su sitio con una gran ingenuidad y una genial manera de cagarla.

Pero bueno, podemos decir que me dejó buen sabor de boca, que fue amena, que además me salió gratis (las amistades que trabajan en los cines son geniales…), y me pude burlar de los americanos y sus “americanadas”. Pero, ¿por qué no? También voy a meterme con los traductores del título. Me ponen enferma esas cosas. ¿Qué tendrá que ver Noche y Día con la trama en cuestión? El título original Knight and Day (caballero y día), tenía un curioso juego de palabras, en el que se hacía referencia a la película y los traductores han pasado de él y también de traducirlo literalmente. En fín, ellos sabrán (o no).

miércoles, 28 de julio de 2010

Adivinanza cinéfila de lujo

Excelente animación que encadena cine de todos los tiempos.
Adivina los títulos o, simplemente, disfruta

martes, 27 de julio de 2010

TOY STORY 3: El “toque” Pixar.


No tengo ni idea de cómo trabajan en Pixar la ingente cantidad de horas que deben echarle a cada película que sale de fábrica. A lo mejor aquello es un infierno oculto tras la sonrisa de Lasseter y su núcleo duro, pero me inclino a pensar que desde el gran jefe hasta el último aprendiz -currando todos sin parar, eso sí-, deben pasárselo en grande. Que cuando de un ordenador sale una genialidad de tres segundos, se forma corrillo para verla. Corrillo procedente de otros despachos en cuyos ordenadores se fabrican otros fragmentitos igual de geniales. Porque, aunque esto va a sonar un poco Ken, creo que sólo desde el amor puede concebirse un cine así.

Existe un viejo ejercicio de cinematografía comparada para distinguir los niveles posibles de genio, que tiene como protagonistas a Billy Wilder y Ernst Lubitsch. El método consiste en especular sobre una estupenda secuencia hipotética vista por cada uno de ellos. En la de Wilder, un camión de riego enfila una calle de París con las primeras luces del amanecer. A mitad de la calle, una pareja se besa apasionadamente. El camión llega hasta ellos y los moja al pasar, pero los amantes continúan besándose, abstraídos completamente en su pasión. Es un recurso de guionista hermoso y genial. Ahora veamos que podría hacer Lubitsch con esa misma secuencia: El camión de riego enfila una calle de París con las primeras luces del amanecer. Para su conductor, es final o comienzo de turno, no lo sabemos. Pero algo adormecido por cualquiera de esos dos supuestos, repara no obstante en la pareja que se besa a mitad de la calle. El conductor se acerca a ellos, pero antes de alcanzarles, detiene el riego del camión para no mojarles y, una vez rebasados, vuelve a accionarlo para continuar su trabajo sin que los amantes adviertan nada, abstraídos como están en su pasión. El genio en grado sumo. El toque Lubitsch.

Pues aquí tenemos la diferencia entre todas las grandes películas que se estrenan cada año y las que estrena Pixar: El “toque”.

La última entrega de Toy Story es una explosión de genio absoluto, que obtiene y entrega el máximo en cada línea del guión, en cada personaje, en cada fondo del decorado, en cada objeto, en cada movimiento. Humor, amistad, terror, melancolía,… vida. A un ritmo insuperable y en mágico equilibrio. Todo lo que se le puede pedir al cine cabe en esta película descomunal que pone en evidencia la inutilidad de ciertas sagas demasiado duraderas.

Dicen que en Pixar corren apuestas sobre quien será el primero de sus equipos que la cague. Es la única forma de jugar cuando nadie es capaz de competir en tu liga: Competir contra ti mismo. Hasta el infinito y más allá, claro.

Ni 3D, ni leches. El “toque” Pixar.

lunes, 19 de julio de 2010

Una hora más en Canarias


Decía Peter O´Toole en Mi año favorito: “Morir es fácil, la comedia es difícil”. Necesitas por supuesto buenos comediantes. Y, si ya los tienes, un guión ágil, sorpresivo, que combine bien el romanticismo con el sarcasmo. Pero, sobre todo, un ritmo de hierro que emana de la puesta en escena y del montaje, más que de la música.

La última de las comedias de David Serrano adornadas con números musicales de variada finalidad y acierto, se plantea como una historia fresca y ligera como un tinto de verano, con guapos protagonistas, secundarios de lujo, canciones rescatadas del baúl de los recuerdos y escenarios tinerfeños muy fotogénicos.

En esta ocasión, la historia gana en acentos, porque la película es una coproducción con Colombia y sus protagonistas femeninas, Angie Cepeda y Juana Acosta, le ponen belleza y convicción a sus personajes, dos hermanas con distintas y poco corrientes formas de amar a un Quim Gutiérrez que compone con mucho talento a un pobre diablo. Además, está Eduardo Blanco en el reparto. Un argentino con facilidad para la comedia, la ternura y el sentimentalismo, capaz de cambiar de registro con una fluidez pasmosa.Para completar la galería, Miren Ibarguren, en el papel más descacharrante, el de la novia falsamente “dulce” e ingenua, y el dúo Isabel Ordaz-Kity Manver dando empaque a una madre y una tía atrabiliarias.

Pero algo falla, la gaseosa tiene poca fuerza, la mezcla anda corta de hielo, ha olvidado el toque de vermuth rojo… No sé. Se bebe y refresca (hace tanto calor), pero no acaba de funcionar a pesar de sus incuestionables bazas. Poco ayudan aquí los números de baile, en los que los personajes se pasean sin apenas participar. Y las canciones retro, que intentan contribuir al gag en alguna ocasión, pero entran siempre por la misma banda, lo que apaga rápidamente su éxito.

Al final, todo se reduce a poseer un guión que maneje con equilibrio la colección de buenas ideas que están presentes en él (la mujer que vuela, el falso padre que se cree el papel, la novia kamikaze,…), pero que aquí se encadenan una y otra vez con transiciones/soluciones burdas (esa pelea a platazo limpio, esa detención última) o secuencias demasiado estiradas (en especial las que enfrentan a Angie y Juana en gran parte de la película). El resultado, desigual, decepciona más por lo que pudo haber sido y no fue, que por su efecto refrescante sin más ambición.

El tinto de verano tiene sus riesgos: por algo no figura en los libros de cócteles.

miércoles, 14 de julio de 2010

Puro cine

La noche del domingo echaron una película al estilo del Hollywood más taquillero, la última entrega de una saga de éxito planetario. Como suele suceder en estos casos, trataba de un grupo de jóvenes embarcados en una misión imposible de la que todo el mundo estaba pendiente conteniendo el aliento. Después de anteriores entregas llenas de situaciones resueltas con dramatismo o ligereza, según la receta clásica del cine de aventuras, se encontraban por fin ante la prueba suprema.


El grupo llegaba hasta allí tras pasar por todo eso que forja el carácter a los héroes: Habían tenido heridos en la batalla que se levantaron para seguir luchando con la cabeza vendada o un pañuelo de sangre entre los dientes; el líder estaba en sus horas más bajas, casi conformándose con ver cómo resolvía los momentos decisivos un pistolero más rápido; recibían presiones de los mandos lejanos, sistemáticamente desoídas por el veterano sargento encargado de sacarles de allí vivos y victoriosos,…


Y para poner la taquilla al rojo vivo, el capitán de la misión estaba enamorado contra la opinión de unos influyentes ingleses de moral victoriana, y el tímido del grupo tenía una deuda pendiente con un compañero muerto, el único entre sus amigos que no consiguió acompañarles.


Y con todo eso desplegado sobre la pantalla, se encontraban frente al duelo definitivo. Nadie esperaba que el guionista tirase de un recurso tan fácil como el de los malos malísimos para subrayar la emoción y el dramatismo del desenlace, pero así fue. Ante al grupo de simpáticos protagonistas que salían airosos de cada reto con sufrimiento y principios, se desplegó un enemigo furibundo incapaz de luchar caballerosamente. Como mandan los cánones, los malos de la película tenían tras ellos un apoyo más numeroso tiñendo con sus insignias las laderas que circundaban el campo de batalla. Y eran realmente duros. Habían llegado para vencer, fuese como fuese. Con recursos del último cine (copiados a Peckinpah), en el que la cámara lenta se ocupa de estilizar las escenas de mayor violencia, se sucedieron los choques desiguales que facilitan la indignación del espectador. Y también los momentos de alto riesgo en los que parece que los nuestros están perdidos, si no fuera porque el capitán y el sargento saben perfectamente lo que se traen entre manos.


Para el desenlace, el pistolero veloz se ha quedado sin balas. Los que le cubren han recibido demasiada metralla, aunque siguen en pie (¡¡¡que imagen la de la patada en el pecho, parecía otra exageración de guionista...!!!). Y entonces, el líder sale de su marasmo, ve a los dos compañeros capaces de aprovechar la última oportunidad y les pasa el testigo con las pocas fuerzas que le quedan. Antes de derrumbarse sobre la hierba, quizá tiene tiempo suficiente para abrazar la certeza de que no se ha equivocado: Los dos elegidos hacen lo que han venido a hacer y el tímido remata la secuencia acertando el disparo de la victoria y homenajeando a su amigo ante las pantallas de todo el mundo.


Los malos han perdido, ponen cara de malos que han perdido, y el capitán llora y besa a su chica, mientras el sargento veterano sonríe al fin discretamente, con la elegancia del zorro viejo, sus muchachos se arrebatan de euforia y el público puesto en pie aplaude rabiosamente.


Todo tan tópico, pero también tan maravilloso, que arrasa en taquilla y en los corazones de la cinefilia metafórica que vibra con la película del fútbol. Fue el domingo 11 de julio, en la final del Mundial 2010. Ganó España, con paradas de Casillas y gol de Iniesta. El sargento Del Bosque, como un personaje de Ford, sacó de allí a sus muchachos vivos y victoriosos.

Recomiendo la película como la mejor que he visto del género.


domingo, 11 de julio de 2010

Madres e hijas


Rodrigo García es un tipo atrayente. Se ha recortado el apellido para no agobiar ni agobiarse y firma con un García sin Márquez. Además, se tomó su tiempo curtiéndose en la televisión y haciéndolo con olfato para participar en las series que han renovado las ficciones americanas, llevándolas a una dimensión nueva de calidad y hondura.

Después se pasó discretamente al cine y consiguió, quién sabe cómo, libertad para trabajar en una industria donde sus propuestas no se estilan mucho. Su objetivo parece ser la búsqueda de la sencillez dramática, mediante historias cotidianas y elegantes. Así le salieron Cosas que diría con sólo mirarla y Nueve vidas, protagonizadas por algunas de las actrices más técnicas de Hollywood. Y en esa línea parece plantearse Madres e hijas, con un arranque prodigioso que dibuja al personaje central en tres planos de un minuto escaso.

Las historias de Annete Bening, que por un desliz adolescente se convierte en una mujer comida por la amargura, y de la hija sin madre encarnada por Naomi Watts (exhibiendo una irresistible coraza de seguridad en sí misma), discurren suavemente por momentos no demasiado vistos ni demasiado originales, contadas en paralelo y apoyadas en personajes masculinos un poco accesorios, pero sensatos y creíbles. Todo ello, muy de agradecer. Pero al director parece que le sabe a poco y añade una tercera madre/hija en el guión, la más convencional, la mujer estéril que quiere adoptar.

Los errores de la película, aunque tolerables, nacen de esa decisión del García guionista. Y a pesar de que Kerry Washington defiende su papel al nivel de las otras dos –y no lo tiene fácil-, la cosa empieza a oler a Iñarritu, que no en balde es productor de la película. Pero ni Iñarritu es García ni García Iñarritu. Y así, el tramo final de la película fluctúa entre la casualidad trágica enervante y el destino dulcemente previsible de la última hija.

García sigue siendo elegante, pero ha renunciado a su sencillez.

martes, 29 de junio de 2010

Los otros acentos del español lo tienen aún más crudo

Parajes remotos y ciudades locas, hermosos sueños y pesadillas temibles, memoria política jodida y sexo agreste, guaguas destartaladas para inmigraciones de ida y vuelta, comedia de barrio, calor tropical, precariedad generosa, exotismo y globalización, amor y violencia, miseria y plata: esa es cada año la oferta de la sección del Festival de cine de Málaga llamada TERRITORIO LATINOAMERICANO.
Una muestra de este cine tiene por fuerza que darse en una ciudad con palmeras y mar a tiro de cámara: Málaga es esa ciudad, el territorio del territorio. Pero luego pasa el tiempo y la mayor parte de este cine diverso y grato no se estrena en salas comerciales salvo excepciones, por lo común argentinas. El año pasado vi en Málaga un montón de interesantes películas que no llegaron a nuestros cines o lo hicieron de modo tan fugaz y mal promocionado que pasaron por invisibles. De las proyectadas en el Festival del 2010, todavía estoy esperando que alguna de ellas llegue a los cines españoles. Valga de homenaje este recorrido crítico por las del 2009. De las proyectadas en la última edición malagueña hablaremos más adelante, aún queda tiempo. Ojalá lo hagamos según se estrenen.


EL PREMIO: La suerte te alcanza
Perú bravo en versión parábola trazada alrededor de un fajo de billetes. Y lo más bravo es que aquí no hay pistoleros, ni ejército, ni Sendero, ni –para resumir- delincuencia profesional autóctona. Sólo gente corriente que sueña con una oportunidad, aunque las más de las veces no sabría muy bien que hacer con ella.
La galería de personajes no pretende ser original: Aquí tenemos al maestro de pueblo viudo y recto, a la hija solitaria con desaprensivo al acecho, a la tendera que pretende los terrenos del profesor y teje a su alrededor como una araña, al adolescente contra el mundo, a su prima la deseada, al marido impresentable, a la tita sensata y sentenciosa. En fin, una familia estándar con sus secretos y miserias de toda la vida.
Pero la lotería no toca siempre y ahí es cuando la cuerda empieza a tensarse y la historia a crecer, porque el maestro tiene que ir a cobrar el boleto a Lima y, desde la montaña quechua hasta la capital, todo el mundo necesita unos cuantos miles de soles para encarrilar sus problemas, que problemas si que hay para repartir.
Varios giros muy bien pensados, su pizca de intriga, un par de golpes de humor que no se esperan y mucho patetismo para un relato que se sigue con interés y que, si acaso, podía haber optado por un final más furioso, porque cuando el maestro destapa por fin la botella de guaro me acordé de William Munny antes de bajar al saloon por última vez, pero aquí son otros los que se rebelan y la elipsis nos perdona la peor cara de la vecindad sin plata.

Su recorrido por festivales fue largo y fructífero. En España, sólo Málaga le ofreció la posibilidad de proyectarse sobre pantalla grande.

LA CLASE: La llama y la mariposa

Venezuela filmó con garra sobre lo suyo y tuvo en esta película el buen criterio suficiente para que el contraste del barrio cabrón y el de los cabrones oficiales no fuera tan abrupto en la relación personal entre sus pobladores como en la blancura de sus paredes. Así resulta más sútil: la chica de ambiente marginal encaja en la burbuja burguesa porque sus aspiraciones y talento son afines. Por eso la consideran uno de los suyos –aunque esforzada- y por eso la adoran y la “adoptan”. La historia de Tita tiene bastante miga y su director combinó bien muchos niveles de discurso, variados personajes y situaciones, sorteando con habilidad los riesgos evidentes de la demagogia (tan resultona para estos casos mil veces transitados de “arriba y abajo”). Algunos momentos merecen mención aparte: esos donde con una naturalidad que encoge el corazón Carolina Riveros enseña a sus alumnos humildes o a sus acomodados compañeros de conservatorio lo fácil que es olvidarse o ignorar la humanidad de los hombres hasta en su furia.Aunque precisamente por eso, a mi entender, el final chocaba un poco con el tono general para buscar la manera de resolver el apuro planteado por la trama “¿Con los tuyos en el infierno o con el enemigo tocando Mozart?” Pero quizá no hay otra forma de filmar el momento del caracazo sino como un choque. Buena y sólida película (y estupenda abuela). No encontró distribuidor para nuestro país.


PARAISO TRAVEL: Una reina para Marlon
Adaptación de la novela de Jorge Franco Ramos (el mismo de Rosario Tijeras) que se publicó en España ya en el 2002, la película de Simon Brand había arrasado en Colombia y no es para menos. Cuenta la historia de una pareja de paisas que decide irse a Nueva York –él por amor, ella por lo que no vamos a desvelar aquí- y lo hacen por lo duro, estafados en cada etapa del “travel” que introduce ilegalmente a los sudamericanos en el “paraíso” gringo.
Pero además cuenta qué sucede una vez allí y cómo se vive en el gueto latino, sin entrar en la visión pistolera que le dan siempre en Hollywood. Ésta es la historia de un niño mimado y una niña zorra buscándose la vida sin estridencias y la autenticidad de lo más sórdido, pero también de la capacidad de adaptación y hasta de alegría de los inmigrantes envuelve al espectador desde el principio hasta el final. Ahí está lo mejor, la película atrapa, la peripecia interesa, las situaciones son precisas (casi irrebatibles) y las pequeñas pinceladas “didácticas” apenas desentonan.

Una película de escenarios (imponente esfuerzo de producción), pero sobre todo de actores, muchos y buenos: desde el más episódico (como ese conductor de autobús despiadado y gamberro que encarna el mexicano Jesús Ochoa) hasta los que encarnan a Marlon y a Reina (Aldemar Correa y Angélica Blandón), la pareja protagonista. Y como siempre, “la Mencha” se sale. Consiguió estrenarse. La vimos unos cuantos colombianos y yo.

LA EXTRANJERA: western sin pistolero

El desconocido no se llama Shane y el rancho, aunque familiar, está vacío. No hay un cacique, sino dos (uno hereditario y el otro digamos comercial) y el niño no juega con un revólver de madera sino con una furgoneta pick up de verdad. Pero la esencia es la misma: Un forastero, que aquí es forastera (o extranjera), llega a un lugar inhóspito donde las cosas son como siempre han sido. Y un pasado a redimir le anima a ponerle redaños y riñones a la tierra, que al final es lo que más aprecia el desubicado. Tempo lento, pero hermoso, y varias escenas antológicas. Un caballo y un puma. Una escopeta. Una botella de arrope. Mujeres silenciosas hechas de hierro…. Estupenda película que tampoco llegó a estrenar aquí.




MOTIVOS PARA NO ENAMORARSE: Actores que enamoran.

Dicen que Argentina es el país más europeo del mundo y cuando uno se asoma a su cine se encuentra con todos los argumentos que justifican esa afirmación. Lo mismo da el drama político, que el policíaco puro, que la película ligera, que la historia de amor.
Aquí la cosa iba de amor, desde luego, aunque el título lo niegue. Con su pizca de romanticismo afrancesado y picardía inglesa, un pequeño argumento fluye con tranquilidad en la pantalla y se devora con deleite gracias al trabajo de dos actores con recursos.
Jorge Marrale (que lo demuestra haciendo doblete en este Festival) es uno de esos intérpretes con solera que son capaces de dar cualquier tono y asumir cuántos matices les pongan por delante. Aunque aquí lo tiene fácil (o lo que es mejor, él hace que lo parezca). Su papel evoluciona con bastante lógica y crece en atractivo por la mera progresión del argumento. Celeste Cid es digna de figurar entre las “amelies” contadas del cine mundial, por la pureza de su mirada y la naturalidad de su trabajo.
Y en fin, que la película tiene buenas dosis de encanto, de lo cual me alegré porque el chiste en caso contrario era obvio y facilín: “motivos para no verla” y bla, bla, bla… El motivo para no hacerlo fue, una vez más, la indiferencia de los distribuidores.


MACURO: Cuento eléctrico.

En su ópera prima, el venezolano Hernán Jabés se descuelga con una historia sencilla pero muy eficaz, con cierto regusto a cine italiano, para hablarnos sobre un lugar hermosísimo donde la electricidad viene y se va con demasiada frecuencia, porque todo lo que sus habitantes tienen allí sólo sirve para ir tirando y a veces ni tira.Por contraste, la gente del lugar se saluda, se preocupa del prójimo, se respeta y se quiere. En fin, que sabe vivir. Y podría hacerlo con su pesca, sus empanadas y su banda de música, de espaldas a la burocracia y a la explotación más o menos prepotente de la cementera próxima, si los que se dicen gestores tuvieran una pizca de humanidad para con sus vecinos, sus conciudadanos, sus contribuyentes.Como no es así, ya tenemos nudo argumental: una planta eléctrica que no se usa pero que tampoco se presta. Y a eso se agarran un puñado de personajes bien trazados, con su reclamación, sus razones y su encanto, salvo quizá el malo oficial (el resto de malos son los invisibles funcionarios de la inoperancia), que apenas tiene motivo para serlo hasta el extremo, como no sea por el mero placer de putear al débil.Espléndida fotografía para un espléndido paisaje, música acorde, buenos intérpretes y un final algo previsible, pero coherente. Bonita película, que pescó en el palmarés del Festival aunque no recuerdo que luego se estrenarse en España.


DESIERTO SUR: Full Atacama
Un arranque algo frío pero conciso nos pone en el viaje de Sofía hacía uno de esos fines del mundo que tanto abundan en tierras de Latinoamérica. Y la verdad es que con Marta Etura da gusto ir hasta allí. Por el camino hay un poco de todo, pero como en aquella de Syles con Luppi (Hombres Armados), cuanto más despojados están la historia y su protagonista más profundidad cobra la película. Los amigos que hace y deja en el camino contribuyen también a que ese acercarse progresivamente a lo esencial funcione mejor. El resto lo pone Atacama. El Desierto Sur del Norte de Chile. Ojalá me equivoque, pero diría que tampoco llegó a las salas españolas.

ALL INCLUSIVE: Por qué callamos lo que más nos duele.
Otra prueba de la riqueza argumental que ofrece la sección latinoamericana. Punto de partida: Una familia en un resort espectacular, un puñado de secretos y un huracán. Con estos pocos elementos, Rodrigo Ortúzar compone un interesante, divertido y tierno relato para decirnos que en asuntos del alma el decorado ayuda, pero no cura. La película maneja los tiempos y los personajes con fluidez, arropada en un excelente reparto (qué grande Ochoa, en un papel tan diferente a los que suelen ofrecerle) y manejando las localizaciones con mucha astucia.
Una historia de momentos en la que cada espectador encontrará los suyos: yo me quedo con los que tienen como protagonista a la maravillosa Maya Zapata, el papel más dulce de la película, rebosante de sensatez, ternura y belleza. Arrasó en Chile y México. Aquí, podéis suponéroslo.


EL NIÑO PEZ: Ritmo pantanoso

La película del rumor, la que se vaticinaba como revelación del Festival, la bella, la del amor fou, la de Puenzo. Y que inexplicablemente concurrió en la sección oficial, no en la de Territorio Latino. Sus particulares "criaturas celestiales" están sobre la pantalla y te las crees, la adolescente obsesiva y su objeto de deseo, esa femme fatal a su pesar que encandila cantando en guaraní. Aunque demasiadas cosas quedan al albur (la madre, el hermano, la vida fuera), la misteriosa leyenda del niño no cuaja (es algo para novelar, filmarlo requiere un talento al alcance de muy pocos), el ritmo es lento, lento, lento. Y eso se paga. Esta película se llevó premio y logró estrenarse. Pero le sirvió de poco.



CORDERO DE DIOS: la represión y la culpa.

Muy bien hecha: personajes enteros y una historia que avanza con fiereza soterrada. La indignación, el miedo, el cariño, la tristeza, el reproche, todo está en su sitio y los actores y la directora saben exactamente cuál es. Sólo tiene un lastre, que el espectador la califique como “otra sobre la dictadura” (aquí pasa con las de la Guerra Civil). Pero vale la pena acercarse con la protagonista al escaparate de esa confitería… Fue la gran ganadora. No tuvo estreno comercial.











viernes, 25 de junio de 2010

La última peli me ha postrado en el diván

En fin, que la última película que he visto ha sido Marmaduke y no merece crítica de ninguna especie, ni canina. Así que ahí va un regalo de fin de semana que sí tiene gracia. Hasta dentro de un par de días.


martes, 22 de junio de 2010

Tiene delito: hay pique


Desde Londres, sin tiempo para inmortalizar
en la estación de Whitechapel el libro cinéfilo del crimen,
mi prima favorita refuerza la internacionalidad del libro (cualquier libro),
pocas horas después...