viernes, 17 de febrero de 2017

La ciudad de las estrellas


Dura más de dos horas que se ven en un suspiro. Transmite alegría de vivir y narra con elegancia el precio a pagar por cumplir los sueños de cada cual.

No inventa nada que los que padecemos de buena y larga memoria no hayamos visto antes, pero es muy bonita y optimista hasta cuando duele. 

Genuinamente sentimental. Respetuosamente deudora de su música. Nostálgica, pero no deprimente. Y sin súper héroes ni distopías. Hasta la impersonal ciudad de Los Ángeles parece bella.

De los Oscars menos estéticos, sonora y plásticamente hablando, quién sabe: Ella está en su momento. Él también y en Hollywood se valora mucho el actor completo (cantar, bailar, tocar, interpretar), además del que se luce sufriendo, que también suele ser muy premiable. 

Si Ryan no gana, siempre puede decir "que les den". 

viernes, 10 de febrero de 2017

El editor de libros

Lo malo de las películas sobre el mundo editorial que se toman en serio es que siempre son anglosajonas. No pretendo ponerme patriótico, es que el origen aquí marca enormemente la pauta: el escritor ha de ser atormentado y atormentante, las amantes bellas, inteligentes y subyugadas a su pesar, el editor templado y la oficina libresca… pues eso: libresca.

Nada que objetar al trabajo de los actores y a la ambientación, británicamente impecables, aunque estemos en Estados Unidos. El ritmo, adecuado. La fotografía, bonita. Los antros, con jazz. La vivienda señorial, entrañable. Las vacas sagradas, sagradas. Y la campiña, ¡ay, la campiña…!

En fin, así todo.

Se tolera, pero es mucho mejor leer a Thomas Wolfe directamente, a ser posible sin ver primero en pantalla, según Jude Law, su pose de genio y el bofetón que tiene.



jueves, 9 de febrero de 2017

Se hace así:


Discurso institucional



Video de la cosecha


Goya mejor actor


Goya actriz de reparto


Goya actor de reparto


Goya mejor canción


Goya de honor (mejor sin plano de Zapatero adormilado)


Por lo demás:

Montajes emocionantes de:
Lo mejor del cine español de todos los tiempos
Lo mejor del año que se premia
Lo que viene para el próximo año
Un in memorian como merecen los finados, a todo gas, con música triunfal (no de sepelio), con imágenes vivas e imperecederas.
Momentos de las películas suficientemente significativas y atrayentes, en cada nominado de cada categoría, previa apertura de sobre.
Cante y baile, para quien profesionalmente canta o baila. Al servicio de los premios, no de ellos mismos.
Bandas sonoras
Un guión divertido y sin palabrotas, que incluya a los que entregan los premios (que ensayen, pero abstenerse de los que carecen de vis cómica).
Cero menciones a la política (sería rompedor).
Una realización que sepa cuándo toca plano general, cuándo medio, cuándo corto, cuándo primer plano. Y que sepa a quién enfocar del público, nominados aparte.
En fin, lo que siempre digo y casi nunca pasa.
Enhorabuena a Rovira, que volvió a jugársela e hizo cuanto pudo.

viernes, 3 de febrero de 2017

Goyas para mañana


UN MONSTRUO VIENE A VERME. Técnicamente impecable. Pero con un presupuesto semejante se le debe exigir. Que sea una gran película ya es otro cantar. De éstas tendría que hacer el cine español media docena al año, como poco, y quedar como las propuestas solventes de la cosecha, por debajo de las maravillas. Tiene un gran problema comercial (aunque no lo haya sufrido en España por lo llamativo de su presupuesto y la campaña de promoción arrolladora): La parte fantástica va contra la del cáncer y la del cáncer contra la fantástica.

Al público infantil-juvenil le sobra el cáncer y al adulto la fantasía. Creo. Se llevará dirección de producción, efectos especiales, sonido... Esa clase de premios. No creo que pille más. Bayona ya tuvo su noche con Lo imposible.


TARDE PARA LA IRA. Me parece la mejor, en relación calidad-precio, o sea coste-resultado. No cuenta nada nuevo, eso es verdad. Pero lo cuenta muy bien, y el ritmo pausado de esa primera media hora (y algunas otras partes de metraje) creo que es adecuado. 
El travelling de inicio es buenísimo. Y toda la escena del gimnasio desde que entran hasta que consiguen salir. Otras cosas son más de andar por casa, pero también cumplen más allá de lo que suele una ópera prima. Y las sorpresas, en especial la última, bien traídas. 
El Goya de interpretación debiera ser para Luis Callejo, aunque veo más posibilidades para Manolo Solo como secundario.



JULIETA. Volvió el Almodóvar que sabe lo que se hace, hablando de dolor sin coñitas inoportunas. Emma Suárez ha tenido su año, es una fiera. Si le dan Goyas, creo que serán el de ella y, con mucha suerte, el de guión, para que Pedro no se cabree y vuelva a marcharse de la Academia. Pero es fácil que se vaya de vacío.


EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS. Peliculón. No se estila por aquí la trama demasiado compleja en datos, personajes, escenarios y situaciones. Tampoco la hagiografía a la inversa, donde un tipo real -tan correoso como Paesa- se muestra ficcionado en la pantalla. Eduard Fernández está perfecto, pero lo está siempre. Deberían darle un buen puñado de Goyas a esta película, aunque cualquiera sabe. Para mí, es la prueba de que el cine negro -y derivaciones- es lo mejor que hace España de un tiempo a esta parte. Será el ambientazo del país, que se ha puesto propicio.


QUE DIOS NOS PERDONE. El guión se pega algunos pasotes (aunque se premiara en San Sebastián), pero el conjunto es potente. Si se hubiera estrenado lejos del otro protagónico de De la Torre creo que hubiese hecho más caja. Roberto Álamo tiene serias opciones de llevarse el Goya como actor. Gran puesta en escena.
Gane o no algún que otro Goya, la recomiendo. 

En realidad, las recomiendo todas. Dios perdonará sus fallos (y los tuyos).

lunes, 30 de enero de 2017

Vidas paralelas: Money Monster y Cien años de perdón


La estadounidense tiene a George Clooney y a Julia Roberts. La española sólo puede esgrimir a Luis Tosar, aunque asomen un poco la patita Arévalo, Coronado y Callejo (Rodrigo de la Serna tiene carrera al otro lado del charco, pero aquí todo lo que no sean Darín o Peretti…).

Las dos películas juegan al discurso los-que-manejan-son-los-que-roban-de-verdad, aunque muy pronto lo utilizan bastante superficialmente, casi como mcguffin, salvando las distancias con el gran Alfred.


Las dos películas tienen su mejor baza en los primeros minutos, en los que el escenario principal se convierte en ratonera y van perdiendo fuerza a medida que avanzan en su desarrollo, donde lo predecible se impone, más -a mi juicio- en la de Jodie Foster.

El ritmo es mejor en la de Daniel Calparsoro, un director con nervio al que deberían recomendarle que no meta mano en los guiones. Ésta es de las pocas en las que no lo ha hecho y tuvo un éxito en taquilla inusual. La Foster me parece más idónea para construir historias de personas que para filmar una situación límite y sólo el carisma de sus actores principales mantiene el interés que el ritmo no logra.


Las dos han cogido situaciones trilladitas y han ido saltando de lo contundente a lo fácil, de lo prometedor a lo ya visto, del discurso a la anécdota, durante sus aproximados 100 minutos.

Es interesante que la propuesta norteamericana termine por echar un capote al sistema, de modo que las malas prácticas se personalicen en malvados con nombre y apellido, mientras que en la española sea la madeja de políticos y empresarios la que quede como mala del paseo. Aunque algunos personajes encarnen esa “mancha”, importa más que hablemos del partido y sus asesores, del empresario y sus dossieres, del CNI, de la Guardia Civil, de la presidenta, que de quiénes son o cómo se llaman. De milagro, la policía y los medios tienen su lado positivo y pueden acorralar a los poderosos de las malas prácticas en ambas.


La española esta vez ha tenido la ventaja que por lo general esgrime el cine de Hollywood. Hay final feliz para quienes el espectador prefiere. Quien roba a un ladrón…