jueves, 12 de enero de 2017

Películas imaginarias 5: precuela

Que Martha y el tío Ethan habían tenido un asuntillo es algo que queda claro desde el primer momento de la película, cuando ella se lleva la mano al delantal al reconocer al jinete que avanza hacía la casa familiar desde el desierto y, una vez que le tiene en el porche, le precede hacía el interior sin volverle la espalda, como se recibiría a un rey o a un amante que se añora.

Incluso antes de verla doblar primorosamente su capote de oficial sudista, uno se pregunta cuál de los tres hijos del hermano sedentario podría ser del recién llegado. Mi respuesta en la imagen.


lunes, 9 de enero de 2017

¡Canta!



La ventaja de la animación antropomórfica es que no necesita inventar nada, sólo trasladar los clichés humanos con cierto gracejo, el que ponen los dibus a poco bien que se hagan y se muevan.

El inconveniente es eso mismo: seguir los clichés trasladándolos a cuerpos de elefanta tímida, puercoespín rockera o cerdita ama-de-casa-agobiada, sin aportar novedades narrativas (un concurso de talentos tampoco es una novedad).


¡Canta! le pasa lo que acabamos de comentar, pero apenas importa, porque cuenta con otra baza ganadora: la música popular anglosajona de medio siglo XX (el XXI aún no ha inventado nada, si no me creen pongan la radio).

El resultado es vistoso, optimista y razonablemente divertido, ideal para una chiquillería sin memoria que al menos descubrirá una música anglosajona mucho mejor que la de ahora mismo (la canción hispana también vive su peor momento). 


En cuanto a las sub-tramas, familiares, de superación, egolatría o apuros financieros, son las de siempre, aunque facilitan un metraje razonable para confeccionar un largo comercial.  

En medio de tanto referente más o menos trillado, me quedo con la secretaria gagá del teatro y el momento en que la talentosa cerdita redescubre el ritmo de sus caderas en un supermercado a punto de cerrar.

Bamboleo, bambolea...


martes, 3 de enero de 2017

Passengers


Passengers es un entretenimiento navideño muy aseado y muy en la línea de lo que Hollywood es hoy capaz de darnos: Dirección artística impresionante (interiorismo, vestuario, iluminación,… para quedarse a vivir). Actores guapos (Lawrence y Pratt), interpretativamente solventes y comercialmente taquilleros, dos galácticos sin discusión. Efectos especiales de primer nivel, sin competencia en el mercado, al menos de momento (los chinos siguen embarcados en sus reconstrucciones historicistas y los rusos aún están apostando por la violencia y la oscuridad). Un cajón de referentes de la propia casa, cuando la casa inventaba referentes, que permite echar mano para el guión y salpimentar el entretenimiento que se cocina con detallitos de calidad...


Si nos quedamos aquí, el resultado es una película muy disfrutable, a pesar de los ritmos casi antagónicos de su planteamiento (sosegado) y de su desenlace (puro atropello que enmascara debilidades a mansalva). Con su poquito de intriga, su romanticismo, su humor, su acción y su maravilla cósmica.

Si nos ponemos puñeteros (¿para qué escribir si no?), tenemos un planteamiento de enormes posibilidades que se apartan sin sonrojo en pro del espectáculo liviano y agradecido. ¿Por qué deben ser guapísimos los dos? (sería mucho más interesante si uno no lo fuera) ¿Por qué ninguno esconde un carácter de mierda? (también hay una ruta ahí, más socarrona) ¿Por qué no despertar a más pasajeros? (qué pasa cuando conviertes la nave en una comunidad de vecinos). ¿Y si tienen descendencia? (con esos dormitorios de primera clase…) ¿Por qué no sabemos nada de la llamada a la Tierra que hace Pratt, cuya respuesta llegaría cuando ellos fuesen cincuentones….?


En fin, olvidémonos de Wylder, de Hitchcock, de Buñuel o de Truffaut. Ahora tenemos a gente como Morten Tyldum manejando estos presupuestos mareantes. El hijo de George Stevens, director de Gigante, ensalzaba en un documental la figura de su padre por tratar a los espectadores como adultos en películas como aquella, cuando en su opinión  Hollywood ya tenía puesta la mira en una mentalidad media de niños de 12, preadolescentes. Y eso en los años 50 del siglo anterior, una década repleta de obras maestras.  Imaginaos ahora que la nave ha avanzado en su trayecto unos 70 años.

Con casi todos los pasajeros dormidos, claro.


viernes, 30 de diciembre de 2016

miércoles, 28 de diciembre de 2016

El lado oscuro de la vida

Adiós, Leia. Que la fuerza te acompañe.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Cine quemando rueda


Pues eso. Que un puñado de colegas hemos cocinado un librito sobre Cine Quinqui y lo vamos a presentar la semana que viene, aprovechando un hueco entre el turrón y las uvas. 

No se repartirán jeringas, ni iremos a la librería en un supermirafiori robado, pero lo pasaremos bien.

Eso sí, al que no venga, le vamos a rajar.